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Este es el popular tratamiento que puede perjudicar a tu embarazo

Un estudio de una clínica de Granada revela que los tratamientos de estimulación ovárica afectan a las primeras etapas de gestación

08 febrero, 2021

Todos los protocolos de estimulación ovárica en los tratamientos de Fecundación In Vitro (FIV) perjudican de una u otra manera el inicio del embarazo. Así lo afirman en un artículo publicado en la revista Frontiers in Reproductive Health por el equipo científico de la clínica Margen de Granada, liderado por el doctor Jan Tesarik y la doctora Raquel Mendoza-Tesarik, en el que revelan que cualquier protocolo tiene un efecto dañino sobre la implantación de los embriones en el útero, provocado por la disminución de la producción de la hormona progesterona por los ovarios después de la FIV.

Fase lútea y progesterona en ciclos naturales y estimulados

Según el informe publicado, en los ovarios los óvulos están íntimamente asociados con células somáticas dentro de los conjuntos multicelulares esferoidales llamados folículos. Al inicio de un ciclo natural, todos los folículos son pequeños, de menos de 5 milímetros de diámetro. Enseguida, uno de los folículos empieza a crecer, bajo el efecto de la hormona foliculoestimulante proveniente de la glándula pituitaria, hasta alcanzar el diámetro alrededor de 18 milímetros en la mitad del ciclo (entre 12 y 16 días después de la menstruación). A continuación, la descarga de otra hormona pituitaria, hormona luteinizante, provoca la ruptura del folículo y la liberación del óvulo (ovulación). El resto del folículo después de la ovulación se transforma en el cuerpo lúteo que empieza a producir la progesterona. Este momento marca el inicio de la conocida como «fase lútea», que dura aproximadamente dos semanas, hasta el inicio del embarazo o, si no hay embarazo, hasta la degradación del cuerpo lúteo y el inicio del sangrado menstrual. La producción de la progesterona por el cuerpo lúteo requiere un estímulo continuo por la hormona luteinizante cuya secreción se mantiene elevada durante toda esta fase.

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La diferencia entre los ciclos naturales y estimulados es que durante la estimulación ovárica no crece un solo folículo, sino varios. De hecho, la estimulación ovárica se hace con el fin de obtener un número elevado de óvulos para maximizar la eficacia sin necesidad de repetir la estimulación varias veces. Después de la aspiración de los óvulos desde los múltiples folículos grandes se forman múltiples cuerpos lúteos. Pero la cantidad de progesterona producida por todos ellos suele ser más baja que la producida por un solo cuerpo lúteo en el ciclo natural. La causa de este fenómeno es sencilla: los cuerpos lúteos no reciben un estímulo suficiente, porque los tratamientos previos han disminuido la producción de la hormona luteinizante. Para volver a la normalidad, los cuerpos lúteos se pueden estimular artificialmente mediante inyecciones hormonales. Otra posibilidad es administrar directamente la progesterona a las mujeres durante esta fase.

Precauciones a tomar

El mensaje principal del estudio granadino es que nunca hay que subestimar el riesgo de la perturbación de la fase lútea y de la producción de progesterona en los tratamientos de FIV, cualquiera que sea el protocolo de la estimulación ovárica.
«Es altamente recomendable controlar la concentración de progesterona en la sangre frecuentemente después de la transferencia de embriones en tratamientos FIV, independientemente del protocolo de la estimulación ovárica utilizado», explican los doctores Tesarik y Mendoza-Tesarik.

La propensión a sufrir problemas de la fase lútea y de la producción de progesterona es una característica individual de cada mujer y es difícilmente previsible. «Por eso recomendamos medir la concentración de progesterona el mismo día de la transferencia de embriones y por lo más tarde siete días después. Si se detecta una insuficiencia solo el día de la detección de embarazo, 10-14 días después de la transferencia, en la mayoría de los casos es ya demasiado tarde para actuar con eficacia. Por el contario, si se detecta una anomalía el día de la transferencia o siete días después, tenemos varias posibilidades terapéuticas para normalizar la situación, y cabe elegir la más adecuada según las características individuales de cada paciente y el tipo de la estimulación ovárica que se utilizó», señalan.