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No me gusta el agua
¿qué puedo beber para hidratarme y combatir el calor?

29 julio, 2020

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Beber líquidos en abundancia no es sólo un problema del verano sino de todo el año, aunque si estamos inmersos en una ola de calor se vuelve más apremiante y necesario.

Nuestro cuerpo necesita líquido porque gracias a él regula y mantiene la temperatura corporal, posibilita el transporte de los nutrientes a las células, elimina los desechos a través de la orina, la transpiración y las evacuaciones intestinales, lubrica y amortigua las articulaciones, protege los tejidos… entre otras funciones claves para el cuerpo humano.

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Además, la falta de líquido en un nivel inicial puede provocar que nos sintamos con falta de energía, mareos, dolor de cabeza y malestar general. Pero si seguimos sin beber podríamos ir empeorando hasta un punto fatídico. Tanto que la deshidratación debida a diarreas es la mayor causa de mortalidad infantil en el mundo.

También ayuda a comprender la necesidad que tenemos de líquido el hecho de saber que los seres humanos somos un 70% agua y que la sangre es la base desde la que las células obtienen el líquido y nutrientes.

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Qué bebemos

En las estanterías de los supermercados podemos encontrar gran cantidad de opciones de líquidos para acompañar nuestras comidas y cenas. Zumos, café, leche, bebidas deportivas, energéticas, espirituosas…. Pero lo sentimos, la mejor opción para hidratarnos es el agua.

Es el recurso más sencillo, barato y totalmente libre de azúcar. Nos aporta todo lo que el cuerpo necesita para recuperar los líquidos que perdemos al respirar, al sudar y en los procesos metabólicos.

¿Y qué cantidad de agua debemos consumir? La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria determina que:
– Los varones adultos deben consumir 2,5 litros de agua al día.
– Las mujeres adultas, 2 litros diarios.
– Para los menores de entre 9 a 13 años, el consumo recomendado es de 2,1 litros/día para los varones.
– Para las niñas, 1,9 litros/día.

Pero estas cantidades pueden variar en algunas ocasiones. Y si hacemos ejercicio, vivimos en lugares muy cálidos o tenemos fiebre, tendremos que beber más para compensar la pérdida de líquidos.

Claro que para muchas personas no es tan fácil beber. Porque no suelen sentir sed (sobre todo si son mayores) o porque no les gusta el agua. Y para esos, para los que están acostumbrados a comer y cenar con bebidas azucaradas, la transición al agua puede resultar especialmente difícil e insípida.

Por eso les recomendamos unas ideas muy sencillas sobre cómo ‘tunear’ el agua para darle un saborcillo que les ayude a su consumo, agregándole rodajas de limón, naranja, lima o pomelo. O acompañándola con hojas de menta, hierbabuena, jengibre o cualquier hierba aromática fresca. Tan sencillo como eficaz.

Y si no queremos tomar agua sola, en ningún caso, existen alternativas. Por ejemplo el café y el té, que son sanos y recomendables. Tan buenas son las infusiones que los investigadores de Harvard los sitúan como bebidas más sanas, después del agua.

Además, el café consumido en cantidades moderadas (2 o 3 tazas diarias estilo americano) incluso puede reducir el riesgo de enfermedades. Eso sí, no es apto para insomnes ni para personas nerviosas. Y es muy importante que recuerde que el café americano no es el europeo ni en color, ni en sabor, ni en cantidad de cafeína.

En cuanto al té, es rico en polifenoles, un antioxidante que reduce el riesgo de enfermedades cardíacas, accidentes cardiovasculares y diabetes.

Si nos queremos centrar en la estantería de bebidas del super, encontraremos también zumos y leche. Pero en ambos casos hay que consumirlos con moderación.

Los zumos tienen un alto contenido de azúcar, por lo que es mejor la fruta entera que su jugo, aunque los especialistas no rechazan la ingesta de un vaso pequeño a diario. Pero no más. Y sobre la leche, recordar que hay que limitar su consumo en los adultos y optar por leches bajas en grasa o semidesnatadas.

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