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¿La falta de vitamina D puede agravar la Covid-19?

  • La importancia de la vitamina D en la evolución de la Covid 19 es ya una evidencia. Y se obtiene de 3 formas: mediante la exposición solar, la alimentación o suplementos vitamínicos

16 febrero, 2021


Rebeca Gil
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La vitamina D es la encargada de facilitar la absorción del calcio y el fósforo. Además, mejora la función muscular, previene el cáncer de colon, de próstata y mama, y la diabetes. Se obtiene de 3 formas: mediante la exposición solar, la alimentación o mediante suplementos vitamínicos.

Desde hace ya algunos meses se baraja la importancia de la vitamina D en la pandemia, lo que, poco a poco, comienza a ser una evidencia. No tanto su implicación en evitar la infección por SARS-CoV-2, sino la influencia que tiene en la evolución de la enfermedad una vez producido el contagio.

En esta línea, José Manuel Quesada, endocrinólogo del IMIBIC, Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, ha explicado el doble efecto que la vitamina D tiene sobre la Covid-19.

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Por un lado, estimula la inmunidad innata facilitando la defensa del organismo y, por otro lado, ayuda a disminuir la respuesta de «famosas» citoquinas pro-inflamatorias, lo que implica una mejora de la afectación pulmonar y de la presencia de trombos propios del coronavirus.

Ya desde el inicio de la pandemia se han publicado diferentes informes que revelaban que existe una relación entre los niveles de vitamina D y la incidencia y gravedad de la enfermedad.

Una de las conclusiones de estos estudios es que los pacientes con COVID-19 en estado más grave presentan una deficiencia de vitamina D un 65% mayor que aquellos con la enfermedad más leve.

Además, esta deficiencia intensa está muy vinculada con el ingreso en Unidades de Cuidados Intensivos y muerte (más del 80%). «Por eso es crítico que tengamos los niveles adecuados en todo momento, desde la infección por SARS-CoV-2 hasta el desarrollo de la enfermedad COVID-19», señala el doctor Quesada.

Otros estudios también indican que la suplementación con vitamina D puede tener algún efecto beneficioso en la evolución de los pacientes infectados por la Covid-19.

Pero ¿cuáles son los niveles que pueden determinar la gravedad de la enfermedad? Pues según este endocrino, «ningún paciente debería tener niveles de vitamina D menores de 20 ng/ml, siendo incluso aconsejable que los pacientes con osteoporosis tengan niveles por encima de 30 ng/ml». Con este nivel óptimo se consiguen unos huesos sanos y una mejor respuesta a los tratamientos.

Por ello, los especialistas insisten en la importancia de que los pacientes no abandonen, en ningún caso, los fármacos anti-osteoporóticos que les hayan recomendado.

El impacto de la COVID-19 en los pacientes con osteoporosis

La osteoporosis es un trastorno que provoca una alteración de la resistencia de los huesos. Se trata de una patología muy común entre las personas de más edad, lo que nos puede dar pistas de cómo les ha afectado la pandemia a estos pacientes.

Además, y tal y como explica Enrique Casado, reumatólogo del Hospital Universitario Parc Taulí de Barcelona, «la propia infección, los corticoides que suelen utilizarse en las formas graves de la COVID-19 o la hospitalización, a menudo prolongada, suponen para el paciente un mayor riesgo de osteoporosis y fracturas».

Tampoco el confinamiento domiciliario de hace un año y las limitaciones de movilidad han ayudado mucho a la salud ósea, puesto que han provocado más sedentarismo y una menor exposición solar, con el consecuente riesgo de déficit de vitamina D.

De hecho, este experto teme que, «si no lo remediamos pronto, en unos meses o unos años, esta pandemia podría derivar en otra pandemia, pero en este caso de pacientes con osteoporosis y fracturas».

Y es que ya se empiezan a notar los efectos de la reducción de la movilidad y la actividad física durante este año. Las mujeres menores de 60 años y las que percibían tener un peor estado de salud tendían a abandonar en mayor proporción el tratamiento para la osteoporosis, «lo cual podría tener graves consecuencias, sobre todo en mujeres con alto riesgo de fractura».

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