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«Síndrome de la sangre pegajosa»: Causas, síntomas, tratamiento

  • El síndrome de la sangre pegajosa, o síndrome antifosfolípido, es una enfermedad autoinmune sistémica en la que nuestros anticuerpos atacan por error a los fosfolípido lo que hace que la sangre se coagule demasiado rápido y circule con mayor dificultad

20 abril, 2021


Rebeca Gil
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El síndrome antifosfolípido (SAF) es una enfermedad autoinmune sistémica en la que nuestros anticuerpos atacan por error a los fosfolípidos, unos lípidos presentes en todas las células, lo que hace que la sangre se coagule demasiado rápido tanto en las venas como en las arterias, y circule con mayor dificultad.

De ahí que sea conocida también como el «síndrome de la sangre pegajosa».

Como resultado de este ataque se pueden producir trombosis, y además esta patología puede provocar complicaciones muy graves durante el embarazo (abortos, preclampsia, parto prematuro o muerte fetal).

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Los pacientes que la sufren pueden presentar problemas neurológicos, renales, o cutáneos. Es decir, es una enfermedad sistémica que pude atacar a cualquier parte de nuestro organismo.

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¿Qué produce el Síndrome de la sangre pegajosa?

Como consecuencias más frecuentes de este síndrome podríamos estar hablando de:

  • Coágulos sanguíneos en las piernas, cuyos signos incluyen dolor, hinchazón y enrojecimiento. El peligro añadido de estos coágulos es que pueden viajar a los pulmones provocando una embolia pulmonar.
  • Accidente cerebrovascular. Sobre todo en una persona joven que no tuviera factores de riesgo conocidos para enfermedades cardiovasculares.
  • Accidente isquémico transitorio. Tiene síntomas similares a los de un accidente cerebrovascular, pero con la diferencia de que por lo general dura solo unos minutos y no causa daño permanente.
  • Erupción. Algunas personas desarrollan una erupción roja en la piel, similar a una red, provocada por un sangrado interno.

El problema fundamental de esta patología es que es muy reciente. Se describió en 1983 y como no es una enfermedad muy conocida, a veces hay un retraso en el diagnóstico.

¿Qué síntomas tiene?

  • síntomas neurológicos, como los dolores de cabeza crónicos, incluidas migrañas. Y también la aparición de signos de demencia y convulsiones, que podrían estar causadas por un coágulo que bloquee el flujo sanguíneo a algunas partes del cerebro.
  • Sangrado. Con la aparición de casos frecuentes e inexplicables tanto en la nariz como en las encías, o un periodo menstrual inusualmente fuerte. Incluso sangrados por debajo de la piel, que detectaríamos al observar pequeñas manchas rojas.
  • Generales. Vómito de color rojo brillante o con aspecto de poso de café, excrementos de color negro o de color rojo brillante, o dolor abdominal inexplicable, hinchazón, enrojecimiento o dolor en una pierna o brazo.
  • Coágulos. También podríamos incluir los síntomas propios de un coágulo en el cerebro, como el entumecimiento súbito, debilidad o parálisis de la cara, el brazo o la pierna. Dificultad para hablar o entender lo que te dicen, alteraciones visuales y dolor de cabeza grave.

Y si el coágulo estuviese en el pulmón podríamos experimentar falta de aliento repentina, dolor de pecho y tos con moco manchado de sangre,

¿A quién afecta?

Desde la Sociedad Española de Reumatología (SER) estiman que el síndrome antifosfolípido afecta a entre 40 y 50 personas por cada 100.000 habitantes.

Y según los datos que se manejan en la actualidad, es una enfermedad que

– Afecta cinco veces más a las mujeres que a los hombres.
– Lo habitual es que se lo diagnostique entre los 30 y 40 años de edad.
– Hasta el 40% de los pacientes con Lupus Eritematoso Sistémico dan resultado positivo en las pruebas de anticuerpos antifosfolipídicos, pero solo la mitad de ellos llega a sufrir trombosis o abortos.
– Como la mayoría de las enfermedades autoinmunitarias, el SAF tiene un componente genético, aunque no se transmite directamente de padres a hijos.

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10 claves

Debido a la dificultad de determinar la presencia de esta enfermedad autoinmune los especialistas en reumatología nos ofrecen 10 claves que nos pongan sobre la pista del síndrome de «sangre pegajosa».

1. Ojo con la trombosis en menores de 60

Una de las realidades que nos podrían llevar a plantearnos si estamos padeciendo esta enfermedad sería el hecho de que una persona joven, menor de 60 años, sufra una trombosis venosa o arterial sin causa aparente. En ese caso, lo más indicado es acudir a un reumatólogo que compruebe si ha sido causada por el síndrome antifosfolípido.

Los reumatólogos explican que este síndrome puede aparecer a cualquier edad, pero en las personas de más edad es más frecuente que una trombosis pueda deberse a otras enfermedades propias del paso de los años.

2. Riesgos durante el embarazo

Que una mujer sufra un aborto durante el primer trimestre de la gestación, es algo que ocurre con frecuencia en la población general. Pero si una mujer sufre 2 o 3 abortos durante el primer trimestre, o una pérdida en el segundo trimestre, o complicaciones como un retraso del crecimiento intrauterino del feto, sin que haya una causa que el ginecólogo pueda explicar, se debe acudir a un reumatólogo para que investigue si se trata de un SAF.

3. Soy portador de anticuerpos antifosfolípido pero no tengo sin síntomas

Si tienes solo anticuerpos antifosfolípido positivos y nunca has tenido trombosis ni complicaciones del embarazo, no tienes síndrome antifosfolípido, eres solo portador de esos anticuerpos.

Esto siempre es una buena noticia, pero también debes someterte a revisiones con el especialista en reumatología, que decidirá si es necesario algún tratamiento preventivo.

4. Mantener un estilo de vida saludable

Si tienes SAF o anticuerpos antifosfolípido positivos, debes tener una alimentación sana (dieta mediterránea) y evitar el tabaco. Además, también es aconsejable la práctica de ejercicio físico de forma regular.

5. Vigilar los factores de riesgo cardiovascular

Esta es una cuestión fundamental para evitar las trombosis propias de este síndrome. Así que es fundamental controlar la hipertensión, el colesterol alto, la diabetes, la obesidad, la toma de estrógenos (hormonas que se encuentra en los anticonceptivos) y el consumo de tabaco para evitar tanto la primera trombosis como las sucesivas.

6. Planificar el embarazo con un reumatólogo

Las mujeres con anticuerpos antifosfolípido positivos pueden quedarse embarazadas, pero deben mantener un seguimiento médico del reumatólogo, que determinará el tratamiento a seguir durante el embarazo.

Normalmente el tratamiento para el embarazo en mujeres con SAF suele consistir en la toma de dosis bajas de Aspirina antes de la concepción. Después, habrá que administrar otros tratamientos como la heparina, dependiendo de los casos.

Este tratamiento consigue llevar a término el embarazo en el 70% de los casos. Y si no fuese suficiente, hay otros tratamientos, por eso es muy importante la planificación del embarazo con el reumatólogo y hacer un estrecho seguimiento del mismo.

7. Se puede tratar la trombosis

El tratamiento de la trombosis se hace siempre con anticoagulantes, siendo el ‘Sintrom’ el más conocido en España. Y a pesar de que en los últimos tiempos han aparecido otros anticoagulantes que requieren un seguimiento más sencillo, no son efectivos para tratar la trombosis en el SAF.

8. No perder de vista otras enfermedades autoinmunes

El SAF también puede asociarse a otras enfermedades autoinmunes, sobre todo al Lupus Eritematoso Sistémico (LES) y, en menor medida, con la artritis reumatoide o el síndrome de Sjögren, entre otras. Si bien, el tratamiento de esta patología no cambia en estas situaciones.

9. Abordaje por un equipo multidisciplinar

Como en todas las enfermedades autoinmunes sistémicas es importante contar con la participación de otros especialistas para tratar las manifestaciones del síndrome antifosfolípido.

Hematólogos, ginecólogos, nefrólogos, etc. van a tener implicación en el seguimiento y tratamiento de estos pacientes, aunque sea el reumatólogo quien deba decidir en cada momento con qué especialista consultar.

10. Ayuda de las asociaciones de pacientes

Las asociaciones de pacientes juegan un papel clave y pueden servir de apoyo a los afectados, además de ofrecer otros servicios, como más información, talleres o atención psicológica, entre otros.

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