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¿Sabes cómo afectan las nuevas tecnologías a la salud de nuestros hijos?

  • 9 de cada 10 niños menores de 2 años están expuestos a pantallas, denominadas entre los especialistas como “chupetes de cristal”
  • Los neuropediatras aseguran que sin ser malas, provocan problemas en el desarrollo físico y mental, obesidad, cefaleas, falsos TDHA...
  • El 88,5% de los niños de 10 años usan ordenadores y se conectan a Internet diariamente. Entre los 10 y los 15 años sube al 99%
  • La dosis de pantalla es el mayor problema. El 25% de los niños de 10 años utiliza el móvil, proporción que se eleva al 99% a los 14

09 diciembre, 2020

Rebeca GilBuscandoRespuestas

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La extensión del uso de las nuevas tecnologías es un fenómeno que ya tiene el tiempo suficiente como para medir los efectos que el abuso de ellas provoca en la salud de los menores.
Y uno de los ámbitos donde es más importante hacer este análisis es la neurociencia: ¿Cómo se comporta el cerebro de nuestros niños ante la sobre exposición a estos dispositivos?

Lo primero que deberíamos saber es que desde que nacemos hasta la segunda década de la vida nuestro cerebro está en continuo desarrollo.

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Durante ese tiempo, el lóbulo frontal, que contiene los circuitos neuronales claves en el desarrollo de habilidades como el juicio, el control de los impulsos y la regulación emocional, es una de las últimas áreas cerebrales que se desarrolla.

Mercedes Alonso, neuropediatra del Hospital Quirón Salud Sur de Alcorcón explica que al estar el cerebro en continua maduración, durante esos años de infancia y adolescencia es muy maleable e influenciable por el medio ambiente que rodea al niño. Y a día de hoy la presencia de las nuevas tecnologías constituye una parte muy importante de ese entorno.

El 88,5% de los niños de 10 años usan ordenadores y se conectan a Internet diariamente. En la franja de edad de entre los 10 y los 15 años este porcentaje se eleva hasta el 99%.

En el caso de los teléfonos móviles, el tanto por ciento es un 25% a la edad de 10 años, y se eleva hasta el 99% a los 14 años. A esto debemos sumarle que 9 de cada 10 niños menores de 2 años han estado expuestos a pantallas, denominadas entre los especialistas como “chupetes de cristal”.

Los neuropediatras han empezado a detectar que estos porcentajes se comienzan a traducir en la aparición de problemas de salud como cefaleas, obesidad infantil y trastornos de comportamiento y del lenguaje.

Problemas de desarrollo físico y mental

Para ilustrar los problemas derivados del abuso de las tecnologías, la doctora Alonso se remite a un caso clínico real.

– Se trata de un niño de 3 años que hasta su primer cumpleaños ha tenido un desarrollo y un comportamiento normal. Pero cuando llega a la consulta de neuropediatría, el menor ha perdido la capacidad de lenguaje y se expresa con sonidos guturales. El niño no es capaz de mirar a los ojos al comunicarse y no responde ni a su nombre…. Pero a pesar de todo, sus síntomas no se corresponden con un cuadro autista.

Cuando, además de valorar al niño, se pregunta a los padres sobre los hábitos del menor aparece el origen de estos problemas: el abuso de las nuevas tecnologías. Y es que durante el primer viaje de vacaciones el menor comenzó a utilizar una tableta, y lo que empezó como un entretenimiento derivó en que el niño sólo dejaba de utilizar el dispositivo durante las horas de descanso.

Tan sólo 6 horas durante las que su cerebro, en pleno desarrollo, dejaba de estar conectado.

Con sólo cesar la exposición del niño a aparatos electrónicos e invirtiendo más tiempo en jugar con él, el menor experimentó una importante mejoría y retomó su capacidad de hablar y comunicarse.

Un estudio realizado por la universidad canadiense de Calgary, realizado con 2.400 niños, señala que cuanto más tiempo pasa un niño delante de una pantalla peor es su desarrollo en comunicación, habilidades motoras, sociales y resolución de problemas.

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Más tiempo conectados, más dolores de cabeza

Desde su experiencia como neuropediatra, Mercedes Alonso explica que por las consultas de neurología pasan cada vez más niños y adolescentes a los que les realizan resonancias y otras pruebas neurológicas porque sufren dolores de cabeza fuertes y recurrentes.

La cefalea es una de las afecciones más atendidas por estos especialistas. De hecho, el 30.5% de los adolescentes sufre dolores de cabeza recurrentes, según el Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología.

El dolor de cabeza más habitual es la migraña, que padecen el 11,3% de los chicos entre los 12 y los 18 años. De ellos, el 44% han sufrido alguna discapacidad relacionada con las cefaleas (dificultades para el estudio y absentismo escolar). Más del 73% de los que tienen dolor de cabeza no están diagnosticados.

Pero en muchas ocasiones esta patología no tiene un origen orgánico. Para detectarlo, además de evaluar los factores físicos (la talla, el peso, la tensión arterial, el desarrollo físico), los neurólogos consideran esencial analizar los hábitos del niño.

Malas prácticas como la falta de sueño, no desayunar, hacer poco ejercicio físico, fumar o consumir cafeína, están detrás de muchos de los dolores de cabeza que sufren niños y adolescentes.

Pero hay un elemento más: el uso abusivo de tecnología.

Muchos de estos casos en los que ni los fármacos más fuertes, como antidepresivos o antiepilépticos, consiguen reducir el dolor de cabeza, se han solucionado con tratamientos basados en la reducción del tiempo de exposición a dispositivos móviles y la recuperación de los hábitos de sueño.

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Más tiempo conectados, más obesidad

Los pediatras ya llevan años alertando sobre la proliferación de la obesidad infantil. El consumo de alimentos procesados y el exceso de azúcares son las dos principales causas, pero no las únicas. El uso abusivo de las nuevas tecnologías también provoca obesidad en los más pequeños.

La razón de que los pediatras recomienden que los menores no coman delante de la televisión o del móvil, es que al hacerlo el cerebro de los más pequeños no está concentrado en el proceso digestivo sino en lo que están viendo. Así, comer se convierte en algo mecánico que no identifica sabores ni texturas, y que no genera sensación de saciedad.

Además, el cerebro es un “animal de costumbres”, explica la neuropediatra, y cuando esta práctica se hace habitual a la hora de la comida, termina por entender que siempre que se está conectado a una pantalla hay que comer.

Y si el menor está conectado todo el día, estará comiendo todo el día, a cualquier hora, sin medida y cualquier tipo de alimento. Y, lógicamente, cuanto más tiempo están sentados ante el ordenador, el móvil o los videojuegos menos tiempo dedican al ejercicio y la actividad física.

¿TDHA o abuso de tecnología?

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, TDHA, es desorden neurobiológico que padece alrededor del 5% de la población infantil. El 50% de los pacientes que llegan a las consultas psiquiátricas infantiles lo sufre.

Pero en muchas ocasiones, neurólogos y psiquiatras se enfrentan a casos que, a pesar de las similitudes de algunos síntomas con el TDHA, no lo son. Se trata de niños y adolescentes con mal rendimiento académico desde el inicio de su escolarización, con problemas de socialización, impulsivos, inquietos y con una falta absoluta de capacidad de atender, salvo a todo lo que tenga que ver con la tecnología.

Un estudio realizado por Dimitri Christakis, director del Centro de Salud, Comportamiento y Desarrollo Infantil del Children Seattle Hospital, concluyó que cuantas más horas se exponen los niños a tecnologías, menor es la capacidad de concentración que desarrollan.

En concreto, un niño de 3 años que ve la televisión una hora diaria en el futuro tendrá un 10% menos de capacidad de atención.

Y sin atención no hay aprendizaje. El déficit o la incapacidad de atender provocan la incapacidad para recoger la información que rodea al niño, lo que le impide tener una visión correcta de lo que ocurre a su alrededor.

Así, surgen problemas académicos, de socialización y autoestima que, en muchas ocasiones son confundidos con un TDHA, cuando en realidad están provocados por un exceso de exposición a las tecnologías.

El estudio de Christakis concluye que la concentración y la atención mejoran reduciendo las horas de uso de tecnología, e invirtiendo más tiempo en juegos tradicionales como construcciones, puzles o juegos de mesa.

El abuso tecnológico está causando otras patologías en los menores, como el insomnio crónico, o las obsesiones.

La doctora Mercedes Alonso concluye afirmando que las oportunidades de aprendizaje y desarrollo que ofrecen los nuevos dispositivos electrónicos son innegables y los especialistas en neurología y en psiquiatría no pretenden demonizar las nuevas tecnologías.

De lo que se trata de prevenir posibles patologías limitando el tiempo que niños y adolescentes dedican a estar conectados.

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