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Tres aproximaciones matemáticas auguran coronavirus hasta mediados de 2022 y 60 millones de infectados

  • Por primera vez se emplean  3 aproximaciones matemáticas diferentes y sus resultados son concordantes, lo que fortalece la predicción
  • Tanto el  'Argumento Delta t' como 'La Ley de Lindy' coinciden en que (al 95%) habrá coronavirus hasta la segunda mitad de 2022
  • Otro modelo probabilístico, el 'Argumento del Juicio Final' o la 'Catástrofe de Carter' habla de 60M de infectados y 2,3M de muertos
  • La solución existe y Nueva Zelanda es el ejemplo a seguir: ¿Su secreto? seguir escrupulosamente las recomendaciones de la ciencia

12 agosto, 2020

Eduardo Costas.
Catedrático de Genética de la UCM.
ACADÉMICO CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA NACIONAL DE FARMACIA

Victoria López Rodas.
Catedrática de Genética de la Universidad Complutense.

Javier García García de Alcañiz
Investigador de la Cátedra de Genética de la UCM

El SARS-CoV-2 sigue extendiéndose aceleradamente entre la humanidad: ya ha infectado 20 millones de personas, produciendo al menos 800.000 muertos:

– Estados Unidos, Brasil, India, Rusia, Sudáfrica, México, Perú, Colombia, Chile e Irán, están viviendo situaciones preocupantes.
– En Pakistán, Arabia Saudí, Bangladesh, Turquía, Irak, Qatar, Filipinas e Indonesia la situación podría empeorar muy pronto.
– Lo más probable es que Europa vuelva a verse asolada por una segunda ola de Covid-19 este otoño.

En España el rápido repunte de contagios de la Covid-19 augura un futuro extremadamente difícil. Aunque nuestros políticos parecen dedicarse sólo a “quitarle hierro al asunto”, no hay indicios de que el problema vaya a mejorar. Lo más probable es que desde principios de septiembre la situación empeore para volver a ser muy grave en otoño. Desgraciadamente estamos ante la posibilidad real de que más pronto que tarde podamos ver, otra vez, los hospitales y las UCIs desbordados.

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¿Hasta cuando va a durar la pesadilla?

Los epidemiólogos se esfuerzan en dar con la respuesta correcta, pero hay multitud de interrogantes en sus modelos, y la escasa calidad de los datos oficiales sobre el número real de infectados y de muertos, que parecen haber sido muchos más que los que reconocen los políticos, dificulta en gran medida las predicciones.

En un reciente trabajo publicado en MedRxiv se emplean por primera vez 3 aproximaciones matemáticas, muy diferentes a los modelos epidemiológicos clásicos, para estimar la duración de la pandemia de Covid-19 y el número total de contagiados y muertos que podría causar.

En dicho trabajo, para calcular cuanto podría durar la Covid-19 se emplea el “Argumento Delta t”, un enfoque probabilístico que se desarrolló en los años 60 para predecir cuándo se produciría la caída del muro de Berlín y el colapso del bloque comunista, y que acertó de lleno en su predicción.

Después de esto, el Argumento Delta T fue utilizado principalmente por físicos y astrónomos para predecir el futuro de la humanidad (por ejemplo, predice que, a los seres humanos como nosotros, que ya llevamos 300.000 años sobre el planeta, nos podría quedar unos 200.000 años antes de extinguirnos de la Tierra, si bien en ese tiempo podríamos dominar las técnicas que nos permitan colonizar otros planetas).

Para predecir la duración de la pandemia en el citado trabajo también se usó la “Ley de Lindy”, una ley de escala ampliamente utilizada, con notable éxito, para predecir la duración de diferentes eventos, desde el tiempo que se mantendrá en escena un musical de Brodway hasta el tiempo que tardará en quebrar una empresa que cotiza en bolsa.

Los resultados de estos dos modelos basados en principios tan diferentes son concordantes, lo que fortalece la predicción sobra la duración de la pandemia.

Y desgraciadamente, el resultado de este científico estudio arroja unas predicciones desoladoras: Con una probabilidad de un 75% la pandemia estará entre nosotros por lo menos hasta septiembre-octubre de 2021, aunque es más probable (95%) que se mantenga hasta la segunda mitad de 2022.

El previsible desastre en número de muertos

Además, en el trabajo se emplea otro modelo probabilístico, el llamado Argumento del Juicio Final o la Catástrofe de Carter, para predecir el número total de infectados y muertos por la Covid-19. Sus resultados vuelven a ser de lo más desalentadores: Se infectarán 60 millones de personas y morirán unas 2.300.000.

A pesar de que no nos gusten nada este tipo de predicciones, obviarlas no parece una buena idea: El coronavirus aún va a estar mucho tiempo entre nosotros produciendo una descomunal catástrofe sanitaria, social y económica.

Tenemos la esperanza de que otros nos arreglen el problema. Confiamos en que a finales de año podamos disponer de una vacuna eficaz. Sin embargo, numerosos expertos advierten de que podría no ser así.

No hemos conseguido una vacuna contra el SIDA a pesar de haber invertido muchísimo más esfuerzo y dinero que en la de la Covid-19.

También podría ocurrir que la vacuna solo protegiese a un porcentaje de los vacunados (por ejemplo, al 50%) tal y como ocurre con la vacuna de la gripe. Indudablemente la vacuna será una ayuda extraordinaria, pero puede no ser la panacea que esperamos.

Tampoco parece que vayamos a conseguir pronto la inmunidad de rebaño.

¿Por qué no seguimos el ejemplo de Nueva Zelanda?

Entonces… ¿Hay remedio? Sin duda. Pero se trata de un remedio en el que todos debemos colaborar.

Nueva Zelanda es el ejemplo a seguir. Acaba de cumplir 100 días sin tener nuevos contagios de Covid-19. Hay varias claves en el asunto:

Desde el principio de la pandemia, su Primera Ministra, la laborista Jacinda Arden (en la imagen), buscó un equipo de asesores competente y se dejó guiar, actuando con la máxima celeridad desde que el 26 de febrero se confirmó el primer caso en el país.

Los estudios de regresión demuestran que el número de viajeros que llega a un país es una de las variables que mejor explica el número de contagiados y de muertos por la Covid-19, como evidencia el trabajo aquí enlazado.

Nueva Zelanda, desde el primer momento estableció un estricto control de fronteras (que se mantiene en la actualidad), a sabiendas de que para la transmisión de la enfermedad hacen falta contactos cercanos persona – persona.

Rápidamente los expertos de verdad aconsejaron que se decretase el confinamiento de la población, lo que se llevó a efecto y se cumplió estrictamente. Y gracias a eso duró poco tiempo, con los beneficios sanitarios y de toda índole que ello supone.

Después, cuando se controló la curva de contagios el confinamiento dio paso a un mecanismo de control mediante test masivos que permitió detectar enseguida a los nuevos contagiados y aislarlos en cuarentena. Y además, el país cuenta con un sistema de rastreo eficaz.

Solo tuvieron (hasta la fecha) 1.219 contagiados y 22 muertes. Y llevan 100 días sin contagios.

Además, consiguieron ser uno de los países donde menos se resintió la economía. La clave fue seguir escrupulosamente las recomendaciones de la ciencia.

Podemos enfrentarnos al problema tal y como hizo Nueva Zelanda, o podemos poner parches de dudosa eficacia. Pero, si seguimos como hasta ahora, la Covid-19 nos traerá mucho más sufrimiento del que ya ha dejado.

Está en nuestra mano que las previsiones de los modelos fracasen.

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