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Salud

¿Los cigarrillos electrónicos sirven para dejar de fumar?

  • La evidencia científica y sanitaria ha ido aportando año tras año pruebas de los riesgos que estos dispositivos suponen para la salud.
  • Estudios científicos señalan que el cigarrillo electrónico conllevaba una mayor predisposición al consumo de pitillos tradicionales
 

17 noviembre, 2020

A comienzos del siglo XXI aparecieron los cigarrillos electrónicos, un nuevo producto publicitado como una opción saludable al consumo del tabaco. Un artículo académico del año 2014 sugería incluso que estos productos tenían un 80% menos de riesgo que el tabaco tradicional.

Nada más lejos de la realidad. La evidencia científica y sanitaria ha ido aportando año tras año pruebas de los riesgos que conlleva para nuestra salud el consumo de los cigarrillos electrónicos.

El daño que pueden causar a nuestra salud es tal que en Estados Unidos se ha descrito una enfermedad concreta derivada de su consumo, la EVALI, un conjunto de lesiones pulmonares asociadas al vapeo.

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Según un reciente informe realizado por la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, los cigarrillos electrónicos suponen un riesgo tanto para la persona que los consume, como para todos aquellos sometidos a los aerosoles que emiten.

Los riesgos a corto plazo ya demostrados científicamente son:

  • Daños en las vías respiratorias muy parecidos a las que produce el consumo de tabaco. También, se han encontrado sustancias cancerígenas tanto en los líquidos componen estos artilugios, como en los aerosoles que emiten.
  • Se han descrito numerosas intoxicaciones y efectos adversos que han comenzado a verse en las consultas de los especialistas, y que en algunos casos son graves.
  • Además, la utilización de estos productos genera emisión de propilenglicol, partículas PM2.5, nicotina y sustancias cancerígenas, que pueden contaminar los espacios cerrados con los consecuentes riesgos por exposición pasiva.

En cuanto a la composición de estos cigarrillos, la glicerina y el propilenglicol son dos sustancias inocuas si se consumen oralmente y están presentes en una gran cantidad de productos alimenticios. Pero cuando se inhalan, irritan las vías respiratorias causando infecciones.

Por ello, se ha establecido una relación clara entre el vapeo y el agravamiento de enfermedades respiratorias como el asma, la fibrosis quística y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).

Respecto a la nicotina poco más hay que decir de lo nociva que es para nuestra salud, provoca enfermedades pulmonares, cardiacas, cáncer…

Cómo el cigarrillo electrónico debe resultar atractivo al potencial consumidor, los fabricantes le añaden sustancias para que tenga un olor y un sabor agradable. Pues bien, un estudio publicado en Scientific Reports en 2019, señala los efectos nocivos que la exposición al aerosol de los vapeadores contribuye al desarrollo de problemas respiratorios, con independencia de que el dispositivo tenga nicotina o no.

Además, los cigarrillos electrónicos llevan metales pesados como cromo, cobre o zinc, que son tóxicos, aunque estén presentes en concentraciones muy bajas.

Entre los argumentos más utilizados a favor del uso de estos cigarrillos está su eficacia como terapia sustitutiva frente al consumo de tabaco tradicional, porque son menos dañinos que el tabaco tradicional. Pero esto no ha sido demostrado científicamente.

Aunque todavía no hay estudios suficientes al respecto, es imposible recomendar estos dispositivos como una herramienta útil para dejar de fumar.

Un estudio con 3.757 participantes, realizado en Carolina del Norte (EEUU) concluyó que, en personas que nunca habían fumado, el inicio en el consumo de cigarrillos electrónicos conllevaba una mayor predisposición al consumo de cigarrillos tradicionales en el futuro.

Un resultado similar se obtuvo en un estudio con 347 estudiantes, donde se vio que los que empezaban a consumir cigarrillos electrónicos tenían una probabilidad 4 veces mayor de iniciarse en el consumo de cigarrillos tradicionales que los que nunca habían probado este producto.

Además, el estudio americano resaltaba el efecto de “puerta de entrada” al consumo del tabaco que pueden suponer este tipo de productos en las personas más jóvenes. Y ese es probablemente el mayor problema con estos dispositivos.

Según la Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España 2018-2019, prácticamente la mitad de los estudiantes de 14 a 18 años ha utilizado en alguna ocasión cigarrillos electrónicos (48,4%).

Por sexo, son los hombres los que más lo han usado, y por edad, es a los 16 años cuando más se consume (57%).

Según esta encuesta, el 37,8% de los estudiantes y las estudiantes de secundaria han probado cigarrillos electrónicos en el último mes y el 14,9% en el último año.

A la hora de indicar el tipo de composición que utilizaban para los cigarrillos electrónicos, un 67,1% dijo haberlo utilizado sin nicotina, frente al 11,3% que lo había hecho con nicotina y el 21,6% que había usado ambos.

Según el informe del Ministerio de Sanidad, este dato refleja la baja percepción de riesgo que existe frente al cigarrillo electrónico, lo que puede llevar a la dependencia y a la introducción al consumo del tabaco tradicional.