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Endometriosis: ¿Todavía piensas que es normal que duela la regla?

  • Se sigue considerando normal que la regla duela, incluso hasta llegar a incapacitar a la mujer. ¡¡Pues no, esto no es normal!!
  • Es uno de los mitos más extendidos de la menstruación, pero una regla dolorosa es el principal síntoma de endometriosis
  • El endometrio es un tejido que crece dentro del útero cada mes, y se desarrolla con el fin de prepararlo ante un posible embarazo
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20 octubre, 2020


Dr. J. Luis Muñoz González
Jefe de Sección Obstetricia y Ginecología
Unidad de Endometrios y DPC
H.U. 12 de Octubre, Madrid

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La menstruación femenina ha estado siempre relacionada a leyendas urbanas, ligada a términos como impureza, debilidad, y rodeada por un halo de invisibilidad, de tabú. En pleno siglo XXI todavía perduran creencias y mitos en algunas culturas y sociedades. Incluso en la nuestra…

De hecho, una gran cantidad de mujeres y hombres comparte ideas como que no se debe hacer ejercicio durante la menstruación; que las mujeres no deben bañarse durante la regla porque la sangre se coagula; que no es posible quedarse embarazada durante el periodo menstrual; que si un mes no menstruas se queda dentro y no te limpias…

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Los profesionales de ginecología se esfuerzan por ir eliminando estas creencias que, además de no tener base científica alguna, limitan a la mujer y mantienen el tabú sobre algo que mensualmente experimentan 1 de cada 4 personas en el mundo: la regla.

Pero el dolor durante la regla es uno de los mitos más extendido y normalizado sobre la menstruación. Una regla dolorosa es el principal síntoma de endometriosis hasta en el 60% de los casos.

La endometriosis es una enfermedad enigmática por varias razones: la primera es que todavía no se conoce su causa. La segunda es que se manifiesta de diversas formas, a veces incluso sin tan siquiera síntomas.

Pero lo peor, porque es lo que más problemas acarrea a las pacientes, es que se sigue considerando normal que la regla duela. Dolores tan agudos que incluso llegan a incapacitar a la mujer. ¡¡Y no, esto no es normal!!

Los especialistas que trabajan en las unidades de endometriosis, centran gran parte de sus esfuerzos en trasladar a sus colegas de atención primera la necesidad de prestar atención a mujeres que acuden a consulta aquejadas de fuertes dolores menstruales.

Y es que el retraso en el diagnóstico de esta enfermedad puede tener graves consecuencias.

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¿Qué es la endometriosis?

El endometrio es un tejido que crece dentro del útero cada mes gracias a la actuación de las hormonas que producen los ovarios de forma cíclica, regulada y equilibrada. Este tejido se desarrolla con el fin de preparar el útero ante un posible embarazo.

Cuando no se produce fecundación alguna, se activan una serie de mecanismos hormonales que provocan la eliminación del endometrio en forma de sangrado: la menstruación.

El problema surge cuando este tejido que debería estar única y exclusivamente en el útero aparece en otras zonas del cuerpo de la mujer, como en los ovarios, el intestino, la vejiga, la pleura o el pulmón. Incluso se han documentado casos de presencia de tejido endometrial en el cerebro.

Y lo peor es que cuando este tejido se encuentra situado en una localización anómala responde al estímulo hormonal de forma muy similar al del tejido situado en el útero, es decir, con microhemorragias e inflamación que se traducen en dolor, mucho dolor.

¿La causa?

Pongámonos un poco técnicos durante un momento. Hay teorías que apuntan a que el origen esté en un incremento del reflujo de sangre menstrual por las trompas de Falopio hacia el interior de la cavidad abdominal, debido a problemas anatómicos o malformaciones.

Esta teoría es muy sólida porque las zonas más afectadas son, por lo común, las que están más cercanas al útero, esto es, las trompas, los ovarios, la vejiga, los riñones…

Pero esta teoría no es la única válida, porque los estudios demuestran que el 80% de las mujeres tienen reflujo durante la menstruación y no todas llegan a desarrollar la enfermedad.

Otras teorías apuntan a que las células del endometrio puedan a desplazarse a través de los vasos sanguíneos que riegan el útero, lo que las permite llegar y depositarse en otras zonas de la anatomía femenina. También se analiza que el problema resida en una respuesta hormonal incorrecta….

Lo que sí queda claro es que una vez que el tejido endometrial se ha depositado en el lugar incorrecto, las consecuencias para la salud de la mujer son graves y dolorosas.

Como hemos comentado, las células endometriales, estén donde estén depositadas, experimentan microhemorragias e inflamación con cada ciclo menstrual, generando mucho dolor a las pacientes.

¿Tengo endometriosis?

La sintomatología que más refieren las pacientes es el dolor durante la regla o en cualquier momento del ciclo menstrual, dolor durante las relaciones sexuales o infertilidad. Pero no son los únicos. La mujer puede padecer fuertes dolores abdominales, problemas de defecación o al orinar…

Por ello, uno de los problemas a los que especialistas en endometriosis se enfrentan es el diagnóstico. Por un lado, porque los síntomas que aparecen son diversos y muchas veces se confunden con otras afecciones, como el colon irritable, la enfermedad inflamatoria intestinal o la cistitis.

Si a las dificultades en la identificación de la enfermedad le sumamos la todavía extendida creencia de que es normal que la regla duela, nos encontramos con que el 70% de las pacientes han tenido otros diagnósticos anteriores hasta llegar al correcto, la endometriosis.

Pero las dificultades diagnósticas no acaban ahí. En ocasiones, incluso una prueba de imagen como la ecografía, no muestra claramente la presencia de tejido endometrial fuera del útero. Así que la forma más precisa para confirmar su presencia es someter a la mujer a una intervención quirúrgica denominada laparoscopia.

Esta técnica permite tomar muestras de tejido para realizar una biopsia y demostrar que, efectivamente, hay tejido endometrial donde no debiera.

Pero se trata de una técnica muy invasiva y los expertos prefieren, ante la sospecha de presencia de la enfermedad (dolor, reglas abundantes…), y aunque en las pruebas de imagen no se aprecie nada anormal, que se inicie un tratamiento hormonal. Si con él la paciente mejora, tendremos la sospecha fundada de que estamos ante una mujer con endometriosis.

Todos estos obstáculos para identificar la dolencia pueden llevar a la mujer a alcanzar estados muy avanzados de la enfermedad. Afectaciones del intestino, la vejiga, los ovarios, que requerirán intervenciones quirúrgicas para la retirada del tejido, e incluso, la extirpación del útero y ovarios.

En estos casos, la paciente debe ser atendida y tratada en unidades especializadas en endometriosis, formadas por un equipo de especialistas multidisciplinar: ginecólogos, urólogos, cirujanos, radiólogos, anatomopatólogos, psicólogos, psiquiatras, médicos de atención primaria, anestesiólogos y expertos en reproducción asistida.

Una de las primeras unidades que se abrió en nuestro país fue la del Hospital 12 de Octubre de Madrid hace unos 10 años. Desde entonces se han ido creando grupos de trabajo que investigan y tratan a las mujeres por toda España. Desde todas estas unidades se lanzan campañas de sensibilización que han permitido adelantar el diagnóstico de la enfermedad.

Problemas de fertilidad y endometriosis

La relación entre la endometriosis y la fertilidad es paradójica. Por un lado, esta enfermedad es una de las principales causas de infertilidad femenina. Se calcula que el 60% de las mujeres con infertilidad padecen endometriosis.

Pero por otro, y resulta lo más llamativo, es que es el embarazo una de las mejores opciones terapéuticas para paliar la enfermedad.

Son muchos los motivos por los que la endometriosis genera infertilidad. Las células germinales que producen los ovarios con endometriosis son de menor calidad y las alteraciones anatómicas que origina la enfermedad, como el estrechamiento de las trompas de Falopio, dificultan mucho la concepción.

Además, el endometrio, que ya hemos visto que sirve de “nido” al embarazo, en el caso de estas pacientes tiene características celulares diferentes al de las mujeres sanas. Se puede decir que el endometrio es de peor calidad.

En contraste, es precisamente el embarazo la mejor “receta” para aliviar los síntomas de la enfermedad, además de mejorar el estado psicológico de las pacientes. La mujer satisface sus deseos reproductivos, en caso de tenerlos, y durante los 9 meses de gestación la enfermedad permanece dormida, con el consiguiente alivio de síntomas como el dolor.

Además, algunos estudios señalan que después del embarazo la sintomatología cambia, disminuyendo el dolor y la intensidad del sangrado. Hay casos en los que los nódulos de endometrio persistentes se llegan incluso a reducir.

Por todo ello, en las unidades especializadas en endometriosis se anima a las pacientes a buscar el embarazo. Pero el tiempo es crucial. Cuanto más demore la decisión, las posibilidades de concebir se van reduciendo a causa de la enfermedad.

Ante una endometriosis, el problema de la infertilidad puede ser afrontado de varias formas. Hoy en día las técnicas de reproducción asistida ayudan a las pacientes a ampliar sus posibilidades fértiles.

Por ejemplo, una paciente que a día de hoy no quiere buscar un embarazo por diferentes razones, puede realizar una vitrificación de sus ovocitos de cara al futuro.

Además, la fertilización in vitro tiene una alta tasa de éxito en las enfermas de endometriosis.

Si estás técnicas de reproducción no fueran eficaces, el especialista puede plantear la posibilidad de recurrir a la cirugía para retirar el tejido del endometrio y favorecer así el embarazo de la paciente.

Tratamientos: antiinflamatorios, la píldora… y el embarazo

Cuando el médico se enfrenta a una paciente con endometriosis, el tratamiento va a ser siempre individualizado, porque son muchos los aspectos a tener en cuenta a la hora de decantarse por una solución terapéutica.

En la decisión sobre cómo hacer frente a la enfermedad va a influir la edad de la mujer, el grado de aceptación de la enfermedad, si desea ser madre, si ya lo ha sido, si hay afectación orgánica grave…

Lo que hay que tener claro es que la endometriosis es una enfermedad para manejar a largo plazo, intentando evitar, en la medida de lo posible, que la paciente pase por el quirófano.

Los tratamientos más utilizados son los antiinflamatorios no esteroideos para tratar de reducir o eliminar el dolor.

Son muy efectivos los tratamientos hormonales. Aquí la gama es amplia. En algunas ocasiones se utiliza la píldora anticonceptiva, bien en pauta continua, que impide que la mujer tenga la regla, bien en pauta cíclica.

El DIU Mirena es otro tratamiento hormonal que ha mostrado su eficacia para paliar los síntomas de la enfermedad. Este dispositivo reduce el espesor del endometrio e inhibe parcialmente la ovulación, lo que reduce las molestias de la mujer.

Otra opción terapéutica es la progesterona que, tomada vía oral o vía implantes, es muy usada por su capacidad de adormecer los nódulos, la evolución de la enfermedad y por la importante mejora clínica que producen.

En pacientes que ya han sido madres las opciones del tratamiento se amplían más, pudiendo recurrir a inyecciones trimestrales para adelantar la menopausia. Este tipo de medicación debe ser complementada con bajas dosis hormonales que compensen los efectos negativos que conlleva la retirada de la menstruación.

En el caso de que, a pesar de estos tratamientos, la enfermedad siga evolucionando y continúen los síntomas, es probable que haya que recurrir a la cirugía. Este tipo de intervenciones consigue la mejora clínica del 80% de las pacientes.

Pero lo expertos recomiendan que, si es necesario recurrir al quirófano, lo mejor es aprovechar una sola intervención para retirar todo el tejido endometrial de cada parte del cuerpo que pueda estar afectada.

Se trata de evitar someter a la paciente a varias cirugías y a su correspondiente coste físico y emocional.

Menopausia ¿el fin de la endometriosis?

Si tenemos en cuenta que la endometriosis es una enfermedad directamente relacionada con los ciclos hormonales ¿es posible que desaparezca con la llegada de la menopausia? Sería lógico pensar que, al desaparecer el ciclo menstrual, con su consiguiente proceso hormonal, la endometriosis también desaparece, se cura.

Pero la realidad no es exactamente así. Con el fin de la regla los síntomas de la actividad hormonal (el crecimiento de nódulos, la inflamación, el dolor, etc.) se enfrían.
De hecho, uno de los tratamientos utilizados en esta enfermedad son los que consiguen adelantar, forzar, el climaterio de la mujer.

Así que la llegada de la menopausia significará, para aquellas pacientes con síntomas más leves, una reducción importante del dolor. Pero para aquellas con afectaciones más severas y graves, la endometriosis puede seguir dando problemas.

En resumen, la endometriosis es una dolencia poco conocida todavía, lo que podría hacer pensar que pocas mujeres la padecen, pero no es así. Esta enfermedad afecta a entre el 10% y el 15% de la población femenina en edad fértil.

Entre las mujeres aquejadas de reglas muy dolorosas y/o incapacitantes más del 60% padecen la enfermedad.

Estos porcentajes se elevan hasta entre el 70 y el 75 % si nos referimos a pacientes jóvenes que padecen reglas dolorosas, y que a pesar de haber sido puestas en tratamiento hormonal y/o antiinflamatorio, continúan con los síntomas dolorosos.

Por insistir, para que quede muy claro, podemos decir que la Endometriosis es una enfermedad enigmática de causa aún no del todo conocida. Afecta a entre el 10% y el 15% de la población femenina en edad fértil. Y entre las mujeres aquejadas de reglas muy dolorosas y/o incapacitantes más del 60% padecen la enfermedad.

La endometriosis puede presentarse de muy diversas maneras, incluso asintomática; es una enfermedad de evolución crónica, que requiere un diagnóstico precoz para evitar su progreso y los diagnósticos tardíos. Y para ello es fundamental que tanto la sociedad en general como la clase sanitaria en particular, deje de considerar como NORMAL el hecho de que la menstruación sea dolorosa, y sobre todo en aquellos casos en que es invalidante para la vida normal de la paciente, sobre todo en adolescentes.