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La mirada más inteligente de los que no mueven más músculos

Los lectores oculares que utilizan los enfermos de ELA para comunicarse resultan claves para frenar contagios por covid al reducir los contactos: se puede llamar al ascensor con un pestañeo o sacar dinero mirando al cajero

29 diciembre, 2020

Elena M. Chorén

“Este aparatito lo es todo”. Es la conclusión de la gijonesa Mónica Riera. La única forma que tiene de hablar con su marido, Arturo Rodríguez, es a través de una tablet que él controla con la mirada.

Arturo tiene esclerosis lateral amiotrófica (ELA) -una enfermedad neurodegenerativa que afecta a la movilidad, la respiración y el habla- y se comunica a través del iris de sus ojos. La tecnología de control ocular que utilizan los pacientes de ELA a diario se postula ahora como una de las soluciones para evitar contagios por covid-19.

La idea es tocar lo menos posible y que todos accionemos el ascensor o el cajero con los ojos.

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Foto: LA PRESIDENTA DE ELA PRINCIPADO, MARIA JOSE ALVAREZ, JUNTO A MONICA RIERA Y ARTURO RODRIGUEZ, ENFERMO DE ELA.

 

Al ver a Arturo controlar desde su silla la tablet solo con la mirarla, esto del “eyetracking”, como se conoce al sistema de control ocular, parece sencillo. Lleva cuatro años, desde que se sometió a una traqueotomía debido al avance de su enfermedad, con este aparato de aspecto similar a una barra de sonido conectado a su tablet. Reconoce que al principio le costó, pero “a base de horas llegas a comunicarte y desarrollar trabajo todos los días”. Porque sin este sistema, confiesa, “no tendría sentido seguir adelante”.

“Se comunica conmigo por Messenger y si él está en el salón y yo en la habituación me avisa si necesita algo”, explica su mujer

“Se comunica conmigo por Messenger y si él está en el salón y yo en la habituación me avisa si necesita algo”, explica su mujer. El aparato le permite hablar con ella, pero también preguntarles a sus hijos –de 15 y 20 años– a qué hora van a volver a casa, revisar los bancos, leer el periódico, ver series, hacer la compra online…

Durante el confinamiento, con todas las páginas de los supermercados saturadas, le tocó quedarse hasta las cuatro de la mañana haciendo un pedido para evitar que ningún miembro de su familia pisase la calle. “Fueron 119 días sin salir y he hecho lo posible para que nadie tuviese que hacerlo”, porque “el covid con mi enfermedad es mortal de necesidad”. Después ya pudo salir un poco más y si lo hacía, iba acompañado de su mujer y con los ojos puestos en su Irisbond cada vez que quería decir algo.

El aparato que les hace la vida más fácil a Mónica y Arturo lo desarrolla la firma vasca Irisbond, especialista en soluciones biométricas. Cuesta unos 1.500 euros, pero a eso hay que sumarle todos los apliques para usarlo tanto en casa como en la silla de ruedas.

En la Asociación ELA Principado tienen seis dispositivos. Los alquilan a las familias que los necesitan por 15 euros al mes, con una fianza de 100 euros. Esperan hacerse con más aparatos pronto gracias a donativos como el de Fran Linares, que ha conseguido alrededor de 1.000 euros con sus retos deportivos. Subió a Peña Mea haciendo rodar una rueda de tractor de 100 kilos, a euro por revolcón. Linares lamenta no “sacar tanto dinero como para otras causas porque el covid lo deslució todo este año”.

Hacen falta más subvenciones para ayudar a los enfermos de ELA, reivindican las asociaciones

Hacen falta más subvenciones para ayudar a los enfermos de ELA. Así lo reivindica la presidenta de la asociación en Asturias, María José Álvarez. Comenzó a ayudar a pacientes y familias porque su madre padeció la enfermedad cuando ella “no sabía ni lo que era”. Ve con indignación que, con la pandemia, el Gobierno “se olvide” de los enfermos que siguen necesitando ayuda. “Normalmente el que te entra por la puerta lo pierdes, y ver a la gente marchar cuesta”, reconoce.

Miradas anticovid

De la misma forma que el control ocular del ordenador es vital para quienes padecen ELA, también es útil para frenar la pandemia. Ya están en marcha varios proyectos que utilizan esta tecnología para evitar tocar las cosas y, por tanto, frenar la propagación del virus. Los usos son muchos y variados. Empiezan en cosas tan cotidianas como sacar dinero en un cajero. La cuestión es no tocar los botones ni para meter el pin y que nuestro ojo sea la contraseña. Para coger el ascensor basta con mirar el botón e indicarle con la mirada el piso deseado.

El acceso a grandes eventos, como conciertos y partidos, se puede hacer sin entrada y sin tocar nada, solo con una mirada. Lo mismo ocurre con los establecimientos públicos o el transporte. Minimizar cualquier tipo de contacto con aquellas superficies que toca todo el mundo es la clave para evitar contagios.

Esta tecnología no es nueva, pero el virus la ha catapultado. Antes de la pandemia se calculaba que el “eyetracking” crecería al año un 27,4% hasta 2025. A día de hoy, estas estimaciones se quedan cortas. A falta de nuevos datos, Eduardo Jáuregui, fundador de Irisbond, lo tiene claro: “El covid ha adelantado años el despegue de ciertas tecnologías que, si bien ya podrían aplicarse, se iban relegando por no ser fundamentales”.

La pandemia, con el uso obligado de la mascarilla, ha empujado a las personas a mirarse más a los ojos y pronto nos llevará a utilizarlos también para “hablar” con los objetos.

Algunos ejemplos de control ocular contra el covid

Cajeros, bancos y pagos. En los cajeros se debe indicar con la mirada las transacciones que se quieren hacer, sin tocar nada. En los pagos en establecimientos la huella ocular sustituye al código pin

Control de accesos. La apertura y cierre de puertas se puede regular con la instalación de cámaras para controlar la entrada a oficinas, viviendas, transporte público y grandes eventos.

Acceso a ascensores. Las cámaras rastrean la mirada del usuario y ven dónde fija la vista para saber a qué piso quiere ir

En el trabajo. En entornos laborales, el manejo de dispositivos o maquinaria puede hacerse a través de controles remotos con la mirada