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Salud

¿Nuestra salud se está adaptando al calor provocado por el cambio climático?

  • La Temperatura de Mínima Mortalidad (TMM) es la temperatura óptima en la que las tasas de mortalidad son más bajas
  • Este indicador puede utilizarse para medir la capacidad de adaptación de la población al calor fruto del aumento de temperaturas provocadas por el calentamiento global

18 mayo, 2021


Redacción

El aumento de las temperaturas que está provocando el cambio climático tiene también consecuencias en cada uno de nosotros. Tanto que los expertos del Observatorio de Salud y Cambio Climático explican que existe una relación entre morbimortalidad y temperatura máxima diaria.

De hecho, hay establecido un indicador llamado Temperatura de Mínima Mortalidad (TMM), que determina «la temperatura óptima en la que las tasas de mortalidad son más bajas«. Cuando las temperaturas se disparan o se desploman aumenta la mortalidad entre la población.

Esta temperatura «ideal» varía según la zona geográfica en la que nos encontremos, ya que depende, según explican desde el Observatorio de Salud y Cambio Climático, «de la capacidad de adaptación de las poblaciones al rango de temperaturas al que habitualmente están expuestas».

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Así, el indicador de Temperatura de Mínima Mortalidad (TMM) puede utilizarse para medir la capacidad de adaptación de la población al calor fruto del aumento de temperaturas provocadas por el calentamiento global.

Y esto es en lo que se ha centrado una investigación liderada por el Instituto de Salud Carlos III ha analizado en las 52 provincias españolas la evolución temporal de la Temperatura de Mínima Mortalidad (TMM) desde 1983 hasta 2018.

El objetivo es determinar si el ritmo de aumento de este indicador es suficiente para compensar el aumento de las temperaturas en España a lo largo de ese período.

Otro objetivo del estudio es analizar si el ritmo de evolución de la TMM sería suficiente, de mantenerse constante, para compensar el aumento previsto de temperaturas en un escenario de emisiones desfavorable para el horizonte temporal 2051 a 2100.

Según explican los investigadores Julio Díaz y Cristina Linares, la Temperatura Mínima de Mortalidad no es estática, sino que evoluciona con el tiempo.

«Un desplazamiento de esa TMM hacia valores más altos podría interpretarse como que cada vez hace falta más calor para que aumente la mortalidad, y podría ser indicador de la adaptación poblacional al calor».

Muchas diferencias por provincias

La investigación señala que la temperatura máxima diaria en España en el periodo 1983-2018 ha aumentado a un ritmo de 0,41ºC por década, mientras que la TMM (este indicador se ha determinado para todas las provincias españolas y para cada año) ha aumentado de media a un ritmo mayor, de 0,64ºC por década.

Esto quiere decir que la temperatura óptima para nuestra salud ha aumentado a un ritmo mayor de lo que lo ha hecho la temperatura provocada por el calentamiento global.

Por eso, los investigadores entienden que podríamos estar ante un fenómeno de adaptación al calor de la población española.

En todo caso, analizando todas las provincias se observa una importante heterogeneidad geográfica.

En algunas zonas de la península la Temperatura de Mínima Mortalidad ha mantenido un ritmo de incremento muy superior a la media de 0,64ºC en cada década, mientras que en otras ni siquiera se ha incrementado, sino que además ha disminuido ligeramente a lo largo del tiempo.

Se sabe por modelos de predicción de la AEMET, que también participa en la investigación, que la temperatura máxima diaria en el horizonte temporal 2051-2100 en un escenario de altas emisiones de CO2 va a crecer a un ritmo de 0,66ºC por década.

Pues bien, si este modelo se cumple, el incremento de grados provocado por el cambio climático sería prácticamente igual al de la Temperatura de Mínima Mortalidad, lo que significaría que «nos estamos adaptando al calor», señalan Díaz y Linares.

Según explican los investigadores, «adaptarse al calor es clave, ya que hacerlo supone que no se va a producir un drástico incremento de la mortalidad por calor en los próximos años, como sugieren algunos otros estudios que hemos realizado en España».

Con los datos obtenidos en este trabajo, el reto está ahora en continuar la investigación para lograr más información, y en conocer qué factores económicos, sociales, de infraestructuras, sanitarios, etc., pueden estar implicados en que unas provincias se adapten mejor que otras al calor.

Obtener certezas sobre ello puede ofrecer muchas posibilidades para modificar los factores que más influyan y así mejorar la adaptación poblacional al calor en todas las regiones.

El estudio, publicado en la revista Science of The Total Environment, ha sido realizado con apoyo de la Fundación Biodiversidad, cuenta con la participación de los investigadores de la Escuela Nacional de Sanidad del ISCIII Julio Díaz, Cristina Linares, José Antonio López Bueno, Miguel Ángel Navas y Dante Culqui.