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¿Y si la segunda oleada de coronavirus se junta con la llegada de la gripe?

  • España muestra otra vez los peores datos de Europa, y Madrid se apresura a encabezar la peor de las estadísticas
  • Los viajes y muchas de las fórmulas habituales de ocio son las principales causas que explican el alto número de contagios
  • Una sencilla estima nos indica que unas 20.000 personas podrían llegar a padecer conjuntamente ambas enfermedades

21 agosto, 2020

Eduardo Costas.
Catedrático de Genética de la UCM.
ACADÉMICO CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA NACIONAL DE FARMACIA

Cuando se aproxima el final de las vacaciones estivales, las cifras de la Covid-19 vuelven a darnos una bofetada de realidad: Las peores previsiones se están cumpliendo mucho antes de lo imaginado. De nuevo se disparan diariamente las cifras de contagiados. Los hospitales comienzan a llenarse de enfermos y empiezan a suspender muchas de sus actividades habituales mientras las UCIs inician el camino hacia el colapso.

España muestra con mucho, otra vez, los peores datos de toda Europa. Y la Comunidad de Madrid se apresura a encabezar lo peor de las estadísticas.

Volvemos a las andadas. Hemos olvidado que las cifras de la Covid-19 no son simples números, sino infinidad de vidas rotas y dramas de lo más desoladores, que se duplican cada semana.

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No queremos acordarnos de las UCIs saturadas, donde solo se permitía entrar a individuos que supuestamente tenían posibilidades de recuperarse, de la gente que moría sin recibir atención en colapsados pasillos de hospitales, de los ancianos totalmente abandonados a su suerte en las residencias, muriendo sin dignidad en la más completa soledad, de las morgues saturadas sin dar abasto, de los entierros sin familiares…

¿Por qué seguimos haciéndolo tan mal?

Nuestras ganas de volver a la anterior normalidad, de disfrutar de las vacaciones y de no preocuparnos, han facilitado nuestra amnesia colectiva. Relajamos el aislamiento social hasta niveles suicidas. Para colmo, una epidemia de idiocia colectiva se adueña de nuestra sociedad, de la que los negacionistas del coronavirus, y quienes amplifican su voz, son buena muestra.

No se está pensando lo suficiente.

Y la mayoría de nuestros políticos, tras una pésima gestión, han corrido a disfrutar de sus vacaciones…

Desde el principio de la pandemia decenas de miles de científicos se esfuerzan al máximo para conseguir conocimientos sobre el nuevo coronavirus. En un hecho sin precedentes en la historia de la ciencia, desde el inicio de la pandemia las plataformas de publicación rápida MedRxiv y BioRxiv han publicado más 7.800 artículos de investigación sobre la Covid-19.

Muchos de estos estudios demuestran que los viajes y muchas de las fórmulas habituales de ocio (discotecas, bares, restaurantes, banquetes, bodas, bautizos, barbacoas…) son las principales causas que explican el alto número de contagios y de muertos. En nuestro país, ante la presión de los empresarios turísticos y del ocio, los políticos dieron marcha atrás a las medidas que pretendían racionalizar el sector.

Hay que decirlo muy claro: de los datos extraídos a nivel mundial se estima que cada millón de turistas produjo bastantes más de 1.000 muertos por Covid-19. Y los muertos debidos al sector del ocio le siguen muy de cerca.

Tampoco deberíamos olvidar que, salvo un improbable “milagro”, la Covid-19 vino para quedarse con nosotros largo rato. Así, los países incapaces de reinventarse para adaptarse a las nuevas circunstancias lo pasarán muy mal. Aferrarse al turismo y al ocio como sistema fundamental de vida tiene muchas posibilidades de convertirse en un crimen para la salud y la certeza de una ruina económica.

Sobre todo, hay que pensar que, en esta segunda oleada de la Covid-19, las cosas pueden llegar a ser mucho peores de lo que fueron antes: La vuelta a las clases y al trabajo presencial sin las suficientes medidas preventivas, incrementará los contagios. Y a menos de 20 días de la vuelta a nuestra vida habitual (lo más habitual posible), ni siquiera sabemos cómo lo vamos a hacer.

Y hasta el momento no parece que ni tan siquiera estemos mirando a otros países que ya están volviendo a la actividad, y aparentemente lo están haciendo bien. Porque la gran diferencia es que ellos actúan con decisiones basadas en criterios científicos y no de políticos.

¿Y si coincide la segunda oleada con la gripe?

Y lo peor es que estos contagios por Covid-19 podrían coincidir con una pandemia de gripe estacional: Muchos expertos predicen que, este año, la gripe estacional puede ser especialmente problemática.

A pesar de que existe vacuna para la gripe (una vacuna que de omento solo se suministra a una parte de la población de riesgo, no es demasiado eficaz y no protege, ni mucho menos, a toda la población vacunada), muchos años la gripe, por sí sola, lleva al límite a nuestro sistema sanitario: Por ejemplo, durante la temporada de gripe 2017-18 en España, unas 800.00 personas padecieron la enfermedad, 52.000 tuvieron que ser ingresadas en hospitales y 15.000 fallecieron.

Además, en el otoño proliferan otros problemas respiratorios (catarros, resfriados…) cuyos síntomas pueden confundirse fácilmente con la Covid-19.

Una sencilla estima (empleando probabilidades muy conservadoras tanto para la gripe como para la Covid-19), nos indica que unas 20.000 personas podrían llegar a padecer conjuntamente ambas enfermedades. Y aunque es difícil saber cuáles puede ser las consecuencias, es altamente probable que resulte muy difícil superar al mismo tiempo ambas enfermedades.

Muchos indígenas de la etnia Soninké creen que algunas zonas del río Gambia a su paso por el territorio del Niokolo-Koba, en la región de Kolda, en Senegal, encierran una terrible maldición animista. Quien llega hasta allí se enfrenta a un dilema irresoluble: Si cruzas el río tu madre morirá. Si no lo cruzas tu mujer morirá. El terrible dilema parece menos grave en el caso de que odies a muerte a tu mujer o a tu madre. Pero no. En ese caso, la maldición Soninké asegura que serás tú quien mueras.

La única solución sensata para no enfrentarse a las terribles consecuencias de la maldición animista es no ir jamás por allí.

En la gestión de la Covid-19, podemos aprender mucho de este mito Soninké:

Hagamos lo posible para evitar la catástrofe. Seamos sensatos, seamos racionales. Pongámonos en lo peor y preparémonos para ello. Dediquemos los esfuerzos necesarios. Pensemos.

Las matemáticas de la teoría de juegos nos indican que, en los casos como la Covid-19, en donde tenemos tanto que perder, la mejor solución es siempre ponerse en lo peor.

Justo lo contrario de lo que han hecho nuestros políticos, que prefirieron dar crédito a los técnicos que les decían lo que querían oír por más lejos de la realidad que estuviesen. Recordemos a Fernando Simón, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, diciendo que España no iba a tener casi ningún caso y que nuestra sanidad “la mejor del mundo” estaba preparada para hacerle frente.

Tras fallar siempre en sus predicciones anteriores sigue contemplando “ligeros repuntes”.

Seamos realistas.

Salvo unos cuántos de los más ancianos, casi nadie de los que ahora estamos vivos en el mundo se enfrentó a un problema de una magnitud semejante. Pensemos. No se puede improvisar, en unos cuantos días, todo lo que hay que hacer para garantizar una mínima seguridad en la vuelta a las clases y al trabajo presencial.

Esta vez hacerlo mal podría llevarnos a la catástrofe.

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