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Estamos intentado utilizar la fuerza de los
virus para atacar… a las bacterias

  • Cuando el coronavirus haya pasado al olvido, la resistencia a los antibióticos volverá a ser la emergencia sanitaria más preocupante
  • Los 'bacteriófagos' son virus que atacan a bacterias y tienen un alto potencial sanitario ya que podrían infectarlas... y matarlas
  • Podrían ser incluso más seguros y específicos que los antibióticos, ya que sólo atacarían aquellas células para las que estén diseñados

15 junio, 2020


Héctor Díaz-Alejo
Investigador de la Cátedra de Genética de la UCM

Conocemos ya de sobra a los virus. Un ‘ser’ tan pequeño y simple que se debate entre la vida y la química orgánica. Un ‘ser’ que ha hecho que el supuesto animal más avanzado, aquel que fue capaz de llegar a los polos y hasta la Luna, haya tenido que recluirse en casa para evitar la muerte de millones de sus congéneres.

Es prácticamente lo único que ha salido en la televisión durante este año 2020. Sin embargo, hasta la aparición del brote la emergencia sanitaria más preocupante para la Humanidad eran las bacterias resistentes a antibióticos.

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Y ¡cuidado! porque eso no es un hecho pasado. Cuando el coronavirus haya quedado relegado al olvido, las resistencias bacterianas continuarán con nosotros, extendiéndose peligrosamente.

Las bacterias son otro de los grandes grupos de microorganismos que nos pueden causar enfermedades.

Enfermedades bacterianas son la sífilis, la difteria, la tuberculosis, la lepra, el tétanos, el tifus, carbunco, cólera, listeriosis… pero también las ‘placas’ que nos salen en la garganta o algunas diarreas por comer algo en mal estado. Lo fundamental para evitar estas enfermedades es, sin duda, combatir a la bacteria.

Por eso fue tan revolucionario el descubrimiento de la penicilina por Fleming. Supuso un cambio global en la medicina, algo sin precedentes y cuya capacidad de salvar vidas solo es equiparable a las vacunas y a la higienización del agua. Había descubierto una molécula capaz de atacar a las bacterias. Había dado inicio a la era de los antibióticos.

Pero la cada vez mayor extensión de cepas resistentes a los antibióticos hace que estas armas moleculares sean más inefectivas día tras día. Enfermedades que ahora nos parecen nimias volverán con fuerza. Y aún no tenemos armas nuevas con las que hacerles frente.

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Gran parte del sistema médico, basado en el uso de antibióticos para el control de infecciones, podría colapsar de no encontrar nuevas soluciones. Y no es un problema a futuro, es un problema totalmente presente: en España ya mueren más personas por resistencia a antibióticos que por accidentes de tráfico. Y el número aumenta cada año.

Para 2050, la resistencia a los antibióticos será la mayor causa de mortalidad en el mundo.

Virus que atacan a las bacterias

Hasta la parálisis investigadora que está suponiendo 2020, gran parte de la microbiología se focalizaba en descubrir y desarrollar nuevas soluciones para poder derrotar a estos peligrosos microorganismos.

Pero para encontrar otro posible remedio a las infecciones bacterianas tal vez haya que remontarse a los turbulentos principios del siglo XX.

En ese tiempo, antes de que Fleming abriera el camino para el desarrollo de los antibióticos, se exploraban otras vías que consiguieran eliminar la bacteria del cuerpo infectado.
Y una de las más prometedoras eran los bacteriófagos
: virus que atacan a bacterias.

Puede sonarnos raro. La población en general considera a los virus como agentes portadores de enfermedades en humanos y animales. Pero los virus son un grupo tremendamente amplio. Podemos encontrar virus que infecten a todos los grupos de seres vivos del planeta. Hay virus de insectos, de plantas, de protozoos, de hongos… ¡Y hasta hay virus que infectan a otros virus!

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Pero sin duda, de entre todos los tipos de virus hay un grupo que destaca por su diversidad, versatilidad y potencial sanitario: los bacteriófagos.

Estos virus son capaces de infectar bacterias de una forma similar a como un virus de humano nos infecta a nosotros. Insertan su material genético en el interior de la célula bacteriana empezando así un ciclo que logra hacer docenas de copias del virus en cuestión de minutos.

Si el virus realiza el ‘ciclo lítico’ (es el método de reproducción viral, que involucra la destrucción de células infectadas) la bacteria acaba muriendo y liberando a todos los virus al exterior. Cientos de virus recién creados que volverán a infectar nuevas bacterias. Si el virus es especialmente virulento, la población de bacterias quedaría extinta en cuestión de horas.

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Hay diez veces más bacteriófagos que bacteria

No se trata de especímenes raros o cuyo encuentro sea ocasional. Los bacteriófagos están en todo el mundo y su cantidad es abrumadora. Se calcula que los fagos tienen una masa total 10 veces mayor que la masa total de bacterias. Unos 1.000.000.000 (mil millones) de megatoneladas.

Son particularmente comunes en el mar, pero podemos encontrarlos hasta en nuestro propio cuerpo, infectando las bacterias de nuestra piel, mucosas e intestino.

Ahora imaginemos que una persona tiene una grave infección bacteriana. Si su sistema inmunitario no la detiene, la bacteria puede crecer indiscriminadamente llevando a la persona a la muerte. La progresión podría ser muy rápida y acabar con la vida humana en un tiempo muy corto.

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Pero… ¿y si apareciera un bacteriófago que destruyera las bacterias?

En eso se basa la fagoterapia: controlar una infección bacteriana infectando a esas bacterias con un virus que les resulte mortal.

Su investigación daba indicios de poder llegar a ser un gran tratamiento. A principios del siglo XX fueron incluso utilizados exitosamente para acabar con disenterías hemorrágicas causadas por la bacteria Shigella. Pero la gran eficacia de los antibióticos detuvo su progreso científico en la mayoría de los países. Sólo en unos pocos países bajo el telón de acero se continuó con su investigación.

Por lo tanto, su desarrollo e implementación en la mayor parte del mundo no se vio mayormente avanzada. Pero cambió cuando los antibióticos empezaron a debilitarse como arma contra las bacterias.

La fagoterapia, casi 100 años después de que los antibióticos la apartaran del panorama investigador, podría encabezar la nueva terapéutica contra las bacterias.

Actualmente su utilización clínica sólo está permitida en los países que continuaron investigándolos: Rusia, Georgia y Polonia. Otros como Francia, Reino Unido o Estados Unidos también lo han probado pero en casos excepcionales.

Si se desarrollara ampliamente la fagoterapia tendríamos una nueva gran arma para vencer a las infecciones.

No sólo eso, sino que los bacteriófagos podrían ser incluso más seguros y específicos que los antibióticos.

Los bacteriófagos son virus, sí, pero muy distintos en sus características de los virus que podrían afectarnos a nosotros. Serían absolutamente incapaces de infectar a nuestras propias células.

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Además son específicos incluso para las bacterias. Sólo atacarían aquellas células para las que estén diseñados, sin afectar a los otros millones de bacterias que residen en nuestro organismo y que resultan no sólo beneficiosas, sino necesarias para nuestra vida.

Y no es algo futurista. Hace un siglo ya se utilizaron con éxito y pueden ser el futuro en el tratamiento de infecciones bacterianas. Pero también es presente. Los bacteriófagos ya han salvado vidas humanas en nuestro siglo.

En varios ensayos clínicos en países occidentales ya se ha observado su eficacia frente a infecciones causadas por súperbacterias como Pseudomonas aeruginosa multirresistente. Y en procesos tan diversos como úlceras en la pierna, otitis crónicas, diarreas o infecciones de orina.

Pero sus aplicaciones van más allá de la clínica humana. También pueden ser utilizados para infecciones animales, limitando así la utilización de antibióticos que puedan llegar a los alimentos que consumimos, así como en infecciones bacterianas de cultivos vegetales.

Y otro de los campos donde cuentan con un gran potencial es en la industria alimentaria.

Desde 2007 está aprobado para su uso comercial un producto constituido por fagos capaces de infectar bacterias del género Listeria, causantes de brotes de listeriosis por consumo de alimentos contaminados como el ocurrido en España no hace mucho con la famosa carne mechada.

Estos virus son capaces de eliminar específicamente las bacterias causantes de esta enfermedad sin alterar las propiedades del alimento. Y, por supuesto, sin infectar a ninguna persona.

Los bacteriófagos pueden presentarse como una de las grandes esperanzas de la humanidad, pero seguramente no vayan a ser una solución definitiva contra las bacterias patógenas. Es de suponer que, igual que ha ocurrido con los antibióticos, se difundan resistencias contra los fagos que inhabiliten el tratamiento. Pero hasta el momento su investigación ha sido muy limitada y, por lo tanto, es altamente probable que no se haya alcanzado aún su máximo potencial.

Con los sucesos tan terribles que nos están ocurriendo en estos meses, no cabe duda de que la palabra virus quedará aún más marcada en la mente colectiva como algo maligno y a erradicar. Un virus nos ha acorralado y ha hecho que nuestras vidas se detengan.

Pero unos virus, los bacteriófagos, podrían ser el arma que ahora mismo más necesitamos frente a unos microorganismos que tantas millones de vidas se han cobrado.

Allá donde las bacterias nos presenten un problema, los bacteriófagos podrían darnos la solución.

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