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Comer pescado y verdura ayuda a acabar con la depresión

  • Un estudio basado en la psiquiatría nutricional analiza la relación entre dieta y bienestar mental.
  • Al contrario de lo que podríamos imaginar, son las verduras, el pescado y los alimentos

23 mayo, 2021

Sergio F. Núñez

Es después de un largo día de trabajo, cuando la cabeza nos hierve, en el momento en que muchos se refugian en la comida o en la bebida en busca de un momento de paz que alivie el estrés de la rutina.

Una costumbre que tiene en los alimentos con menor valor nutricional a su gran aliado.

Lo vimos desde el inicio de la pandemia y los grandes confinamientos de marzo y abril: pizza, patatas fritas, hamburguesas, aceitunas, cerveza… para aliviar la tensión de aquel momento, todos o casi todos, recurrimos a esa comida de la que intentamos librarnos para sentirnos más sanos.

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Buscamos en ella un refugio, un momento de paz que aliviara nuestra ansiedad.

¿Lo logramos? Quizás. Pero ¿si le dijera que contra el estrés y la ansiedad son más efectivos el pescado, las verduras y las frutas?

Así lo demuestra la ciencia. Concretamente una novedosa disciplina conocida como psiquiatría nutricional y que se encarga de analizar la relación entre nuestra dieta y el bienestar mental.

La conexión la marca el eje intestino–cerebro ¿Cómo? Al comer de una forma más saludable, nuestro intestino estará más sano, lo que supondrá que la producción de neurotransmisores que lleva a cabo, como la dopamina y la serotonina, y que desembocan en nuestro cerebro, sea capaz de regular correctamente nuestro estado de ánimo y nuestras emociones.

De ese modo somos capaces de hacer frente de mejor manera a los vaivenes del día a día y acabar con la ansiedad y el estrés de un modo mucho más sencillo y eficaz.

Se trata, y por eso apuesta esta disciplina médica, de un cambio global en nuestra forma de alimentarnos que acabe influyendo no solo en nuestra salud intestinal si no también en nuestra salud cerebral.

Una mejor nutrición es igual a menos depresión

Existen grandes estudios que demuestran cómo aquellos que consumen un mayor número de alimentos nutricionalmente positivos sufren menos depresiones.

Es más, hay instituciones como el Real Colegio de Psiquiatras de Australia y Nueva Zelanda que ya están recomendando pautas de prácticas clínicas para, antes de prescribir medicación para ciertas afecciones, poner en marcha un cambio en la dieta y la práctica diaria del ejercicio.

No se trata de dejar de apostar por la medicina, es un intento de que la ciencia, siempre apoyada en datos y estudios objetivos, pueda cambiar la vida de las personas para aplicar una mejora sustancial de sus condiciones de vida.

Alimentos como los mariscos o las verduras, ayudan a la producción de proteínas como la BDNF, el Factor Neurotrófico derivado del Cerebro, que estimula el crecimiento de nuevas neuronas al tiempo que protege las existentes.

Éstas contienen grandes cantidades de fibra, antioxidantes y diversos nutrientes que mejoran la salud intestinal y metabólica, reduciendo la inflamación y afectando, al final, de un modo positivo a nuestro cerebro.

«No podemos controlar nuestros genes, pero podemos controlar cómo comemos, y eso nos da pautas para cuidar nuestra salud cerebral», señala Drew Ramsey, psiquiatra y profesor clínico asistente en el Colegio de Médicos y Cirujanos de la Universidad de Columbia en Nueva York.

El huevo o la gallina

Una de las grandes preguntas es esa de ¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina? La psiquiatría nutricional se hace otra similar ¿Qué es primero, la mala alimentación o la ansiedad y la depresión?

En 2017 se intentó arrojar luz en ese sentido con un ensayo en el que se reclutó a un grupo nutrido de personas diagnosticadas de depresión sobre los que se hicieron modificaciones en su dieta.

El consumo de azúcares, procesados y la falta de fibra y proteínas magras era la norma al inicio del estudio, pero se fueron sustituyendo por otros alimentos con mayor valor nutricional.

Después de doce semanas de análisis se logró mejorar de forma notable los resultados clínicos de todos los pacientes hasta el punto de que el diagnóstico de depresión desapareció de un tercio de los participantes.

No se trataba de sustituir los antidepresivos prescritos por los doctores, que los siguieron tomando, si no de complementar el tratamiento psiquiátrico con una mejora sustancial en la dieta de los pacientes. Y los resultados fueron realmente sorprendentes para el equipo investigador dirigido por Felice N. Jacka, profesora y directora del Food & Mood Center de la Deakin University de Geelong, Australia.

Qué es la psiquiatría nutricional y cómo puede ayudarnos

Habitualmente los estudios realizados se han centrado en cómo los alimentos y nuestra dieta afectaban directamente a nuestro cuerpo, pero nadie se había preguntado hasta la fecha ¿Cómo afectan a nuestro cerebro?

De eso se encarga la psiquiatría nutricional, de analizar y comprender de qué manera lo que comemos nos afecta a nivel neuronal y emocional.

Hay ejemplos de ello, como los publicados en la Harvard Review of Psychiatry en 2020: «El microbioma intestinal juega un papel determinante en una variedad de trastornos psiquiátricos, incluido el trastorno depresivo mayor», aseguran las conclusiones del equipo científico dirigido por los doctores de la Universidad de Cork (Irlanda) Thomaz Bastiaanssen y Sofía Cussotto.

Esta disciplina aborda un buen puñado de desafíos clave que la directora del Food & Mood Center de la Deakin University de Geelong, Felice N. Jacka, resumía recientemente en un artículo publicado en EBioMedicine, revista médica de acceso abierto revisada por expertos y respaldada por Cell Press y The Lancet:

  • Ampliar las intervenciones dietéticas.
  • Identificar un conjunto claro de objetivos biológicos.
  • Fomentar las intervenciones con nutracéuticos y psicobióticos.
  • Realizar estudios observacionales y experimentales en la psicosis enfocados en la dieta, así como los factores de riesgo y los tratamientos relacionados.
  • Apostar por un cambio de política alimentaria, a nivel mundial, que sea capaz de mejorar la salud de la población en su conjunto.

Una rama de la ciencia que aún está en pañales y casi por descubrir pero que ya es capaz de aportar avances suficientemente contundentes para mejorar nuestras vidas.

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