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Coronavirus: ¿Qué son variantes de interés, variantes de preocupación y variantes de gran consecuencia?

  • Cada vez más expertos se plantean la posibilidad de que aparezcan nuevos mutantes capaces de escapar a las vacunas
  • Solo las nuevas cepas mutantes con una infectividad significativamente mayor tienen posibilidades de permanecer largo tiempo
  • Hay tres tipos de nuevas variantes. Todas son más infectivas (VOI), algunas son más peligrosas (VOC), y un tercer tipo (VOHC), que de momento no ha aparecido, nos podría obligar a volver a empezar

29 marzo, 2021


Eduardo Costa
Catedrático de Genética de la UCM
ACADÉMICO CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA NACIONAL DE FARMACIA

La aparición de nuevas mutaciones es la clave del espectacular éxito del SARS-CoV-2.

Durante miles de años este coronavirus se dedicó a reproducirse en especies de animales como los pangolines y los murciélagos frugívoros. Ni siquiera sabíamos de su existencia. Pero hace poco más de un año, una nueva mutación le permitió empezar a infectar a seres humanos.

La primera cepa del SARS-CoV-2 que empezó a infectar masivamente a seres humanos fue la de Wuhan. Tras desatar una primera ola devastadora a nivel mundial, diversas medidas epidemiológicas y de salud pública (test, rastreadores, cuarentenas, higiene, distanciamiento social, mascarillas, etc.) lograron reducir su incidencia. Pero el coronavirus evolucionó extremadamente rápido mediante nuevas mutaciones que resultaron ser mucho más eficaces en su transmisión, consiguiendo desatar nuevas olas. Los mutantes del coronavirus, como los que originaron las célebres cepas británica, brasileña o sudafricana, empezaron a alcanzar notoriedad.

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Ahora seguimos enfrentándonos al inicio de nuevas olas con la preocupación añadida de qué harán las nuevas variantes del coronavirus como la de la cepa “doble mutante” de la India.

No es para menos. Hoy en día la vacunación masiva es la gran esperanza de muchos países que no consiguieron gestionar bien la pandemia para volver a recuperar la normalidad. Pero cada vez más expertos se plantean que la aparición de nuevos mutantes capaces de escapar a las vacunas podría dar al traste con buena parte de nuestras esperanzas.

La enorme amenaza de las nuevas variantes

Hay indicios preocupantes de que algo así podría ocurrir. Por ejemplo, en el estado brasileño de Manaos: tras alcanzarse durante la primera ola un porcentaje de infectados tan alto que hacía pensar en que ya habían conseguido la inmunidad de rebaño, las nuevas cepas mutantes desataron una nueva oleada, infectando incluso a numerosas personas que ya habían pasado la enfermedad.

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La clave del problema está en que el SARS-CoV-2 sigue cambiando mediante mutaciones. Una nueva variante tiene una o más mutaciones nuevas que la diferencian de las variantes anteriores que se mantienen en circulación.

Las mutaciones ocurren debido a errores se producen al azar mientras el virus replica su genoma en el interior de nuestras células.

Este azar hace que la gran mayoría de estas nuevas mutaciones resulten prejudiciales para el propio virus. Funcionan peor que las originales de las que derivan y el virus ‘nuevo’ es menos infectivo. Así que en poco tiempo estas mutaciones ineficientes se extinguen. Es la selección natural. En poco más de un año han aparecido millones de estas mutaciones en la población del SARS-CoV-2. Casi todas se han extinguido sin haber sido ni siquiera detectadas por la ciencia, aunque en las bases de datos de secuenciación del coronavirus se recogen decenas de miles de estos nuevos mutantes.

Pero como la población del SARS-CoV-2 es tan grande (recordemos que un solo infectado por Covid-19 produce billones de virus), a veces algunas de estas mutaciones van a hacer que el coronavirus funcione mejor.

Las ecuaciones de la genética de poblaciones demuestran que solo las nuevas cepas mutantes con una infectividad significativamente mayor tienen posibilidades de permanecer largo tiempo en las poblaciones. Entonces la frecuencia de estos mutantes puede incrementarse significativamente.

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Variantes de interés (VOI)

Son las llamadas variantes de interés o VOI por su abreviatura en inglés.

  • Casi siempre las variantes de interés tienen mutaciones que producen cambios en la zona de unión del virus al receptor de las células humanas.
  • Estas mutaciones afectan a la eficacia de la transmisión lo que las vuelve más infectivas que las cepas originales de las que derivan.
  • A menudo los anticuerpos las neutralizan peor y manifiestan una enfermedad más grave que responde peor a los tratamientos.
  • Pueden resultar más difíciles de diagnosticar.
  • También reducen en cierta parte la eficacia de las vacunas.

Ejemplos de estas variantes de interés son la cepa 20C que apareció en Nueva York en noviembre de 2020 y fue responsable de la elevada incidencia de Covid-19 en esta ciudad.

O la cepa 20J que apareció en Brasil en Abril de 2020 causando buena parte de los casos allí registrados.

Ambas cepas se propagan más rápidamente que las anteriores y para conseguir controlarlas se requiere tomar medidas más drásticas. Buena parte de estas variantes de interés tienen la mutación D614G, que parece haberse originado al principio de la pandemia en Europa. Los virus que tienen esta mutación se propagan más rápido que los que no la tienen.

Variantes de preocupación (VOC)

Aún peores son las cepas mutantes conocidas como variantes de preocupación o VOC por su abreviatura en Inglés.

  • Estas variantes son mucho más infectivas.
  • Producen casos más graves de la enfermedad.
  • Reducen la eficacia de los tratamientos.
  • Generan tasas más elevadas de hospitalizaciones y de muertes.
  • Además, presentan una significativa reducción en la eficacia con la que los anticuerpos los neutralizan.
  • También merman la eficacia de las vacunas y son capaces de re infectar a personas que sufrieron la enfermedad con otras variantes.

Algunas de estas variantes de preocupación son la variante 20l/501Y.V1, originada en Reino Unido y la variante 20l/501Y.V3 que apareció en Japón y Brasil.

Estas variantes son alrededor de un 50% más infectivas y significativamente más graves.

Otras cepas de este grupo son la cepa 20H/501.V2 sudafricana, así como la cepa californiana 20C/S: 452R que es un 20% más infectiva y reduce la eficacia de las vacunas.

Variantes de grandes consecuencias (VOHC)

El efecto más terrorífico que pueden originar las nuevas mutaciones es dar lugar a variantes de grandes consecuencias o VOHC por sus siglas en Inglés. De momento hemos tenido suerte y no se han producido aún ninguna de estas variantes, aunque los Centros para el Control y Prevención de la Enfermedades norteamericano (CDC) advierten de que en cualquier momento podrían originarse este tipo de variantes del SARS-CoV-2.

Sus consecuencias resultarían desastrosas, pues una enorme cantidad de vacunados y de gente que pasó la enfermedad podría re infectarse. Estas cepas también serían más resistentes a los tratamientos hospitalarios. Podrían resultas más infectivas y producir mayor mortalidad.

La aparición de estas cepas equivaldría a empezar de nuevo.

No lo estamos haciendo bien

No. No lo estamos haciendo nada bien. Nuestro objetivo debería ser impedir que puedan aparecer variantes VOHC. Y como las mutaciones ocurren al azar, sabemos que mientras mayor sea el número de infectados por Covid-19 más probabilidades tendremos de que aparezcan mutantes capaces de originar variantes de grandes consecuencias.

Hemos cometido el error de relajar las medidas cuando alcanzamos tasas de contagio de menos de 100 infectados por 100.000 habitantes. Aplicando estrictamente protocolos de rastreo y confinamiento pudimos haber ganado la partida al coronavirus tal y como hicieron muchos países.

Supuestamente decidimos compaginar salud y economía. Pero con tasas de infección superiores a 5 infectados por 100.000 habitantes el riesgo de que aparezcan variantes de grandes consecuencias es muy elevado. Quizás quienes dicen proteger nuestra economía deberían tener en cuenta si vale la pena arriesgarse a que la aparición de una variante de grandes consecuencias nos coloque de nuevo en la misma situación de hace un año.

Ahora mismo podríamos estar yendo de cabeza hacia el desastre.

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