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Psiquiatra: ¿El amor es tan poco objetivo que nos vuelve locos?

  • El amor y el desamor activan las mismas zonas neuronales que la ingesta de ciertas drogas, y las parejas más felices son las que más tiempo llevan juntas

13 febrero, 2021

Rebeca GilBuscandoRespuestas

Dependencia, ansiedad y hasta obsesión. El amor en ocasiones nos genera una serie de situaciones que se escapan de nuestro propio entendimiento.

Es más, en muchas ocasiones dejamos de saber lo que nos pasa cuando estamos enamorados.

Por eso sentamos a San Valentín en el diván. Le llevamos al psiquiatra para desenmarañar todo lo que se esconde en ese desconocido fondo.

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El psiquiatra Enrique Rojas recoge en su último libro, Todo lo que necesitas saber sobre la vida (Editorial Planeta), que «amar a una persona es querer el bien de ella, tener la determinación para trabajar ese amor elegido».

Son muchos los expertos en el campo de la psiquiatría que nos piden iniciar el viaje en la infancia. En esa necesidad o deseo de ser amados cuando somos niños.

No hay amor si no hay memoria, dicen los expertos.

Y lo explican afirmando que ese estímulo externo que nos llega cuando nos fijamos en alguien y que activa una sensación de bienestar en la parte primordial del cerebro, para que acabe convirtiéndose en amor o en emoción de felicidad hace falta que exista un reflejo en nuestra memoria.

Una vez obtenida esa respuesta se inician las tres fases del amor en las que la evolución de la relación varía hasta una madurez sentimental o la ruptura.

Un camino que incluye una primera etapa de Atracción Sexual, seguidamente pasamos a un emparejamiento pasional y acabamos, si somos capaces de resistir a esa reducción de la pasión, con un amor romántico.

Y todo, en una respuesta en forma de amor que tardó solo medio segundo en llegar.

Pero ¿realmente perdemos la cabeza por amor?

El amor es subjetivo

Psiquiatras, neurólogos y psicólogos están de acuerdo en una cosa, y es que la romantización del amor ha hecho mucho daño. Según hemos leído y escuchado a lo largo de la nuestra vida, el amor todo lo pude, todo lo soporta, el amor es ciego, todo el mundo tiene una media naranja…

Pues bien, esto no tiene nada que ver con lo que realmente pasa en nuestro cerebro cuando nos enamoramos. Ni a nivel de nuestra estructura cerebral, ni funcional, ni de nuestra química cerebral.

Y es que según señala la psiquiatra Joana Cardozo, el amor como experiencia afectiva individual se asienta en el cerebro y no en ideas románticas.

Y es que hay que distinguir entre emociones, sentimientos y reacciones somáticas. Las emociones son pasajeras, nos las provoca un cumplido, un fallecimiento, un insulto, o montar en una montaña rusa.

Puede que estas emociones nos provoquen sonrojo, aceleración cardiaca, lo que no es nada más que una respuesta fisiológica, también pasajera.

Pero otra cosa son los sentimientos, también son subjetivos, pero son más duraderos y llegar a ellos requiere tiempo… mucho tiempo… y aquí entra el amor en juego. “El amor es una experiencia subjetiva de mayor duración. Un sentimiento que, con el tiempo, puede ir incrementándose o empeorando”, explica Cardoso.

La cascada de sustancias cerebrales (dopamina, oxitocina, adrenalina) que produce el cerebro en el enamoramiento provoca un “subidón”. Es una parte bonita, agradable, “da chispa al cerebro” explica Cardozo.

Pero una vez que se produce este efecto empezamos a estrechar lazos de confianza, a través de procesos psicológicos distintos en cada ser humano, que varían según lo que hemos visto en nuestro entorno, en nuestra familia, lo que hemos aprendido.

Y realmente, esto es lo que queda, emociones sanas, sentimientos sanos, confianza y, por supuesto, también momentos de pasión. Porque “si el amor no está basado en estos pilares, no estamos hablando de amor, sino de otra cosa, bien sea una relación de dependencia, una relación tóxica, relación patológica o como queramos definirla”. Pero lo que es seguro, es que nada tiene que ver con el amor.

El amor como adicción

Todos los especialistas a los que hemos llevado a San Valentín nos han confirmado que la secuencia bioquímica que se produce cuando nos enamoramos es muy similar a la que tiene lugar cuando alguien ingiere drogas como la cocaína.

Dopamina, adrenalina, serotonina… un sinfín de neurotransmisores que desembocan en sensaciones muy placenteras.

«En el amor sano, inevitablemente hay una dependencia, un no dejar de pensar en esa persona, tenerla en la mente. Y está ahí y va viene, con mayor o menor intensidad según el momento y la etapa del amor. El primer síntoma es tener la cabeza hipotecada por la otra persona, no dejar de pensar en ella, el segundo, que el proyecto de vida sin ella no tenga mucho sentido y, por último, necesitar al otro. Se produce una borrachera inolvidable que acaba por encontrarse a uno mismo fuera de uno mismo», indica el psiquiatra Enrique Rojas.

¿De qué manera se produce? El cerebro, activa los circuitos de recompensa involucrados en la adicción tal y como confirma la investigación del Instituto Kinsey de la Universidad de Indiana.

El estudio se centró en sujetos enamorados que habían sido rechazados. Durante los escáneres realizados mediante resonancia magnética los cerebros de los sujetos generaban una alta actividad en áreas asociadas con la adicción a la cocaína: las ganancias y pérdidas, el deseo, la motivación y la regulación de las emociones.

Regiones de nuestro cerebro que incluían también el área tegmental ventral, el cuerpo estriado ventral, la corteza orbitofrontal medial y lateral, y la circunvolución cingulada.

Esas funciones puestas en marcha es lo que explicarían para los investigadores de Indiana “los comportamientos obsesivos asociados con el rechazo en el amor como cambios de humor, ansias, compulsión, distorsión de la realidad, dependencia emocional, cambios de personalidad, toma de riesgos y pérdida de autocontrol”.

Una auténtica pérdida de cabeza, también por culpa del (des)amor.

Las claves para perdura en pareja

El reputado psiquiatra Enrique Rojas, experto en esta rama de las relaciones personales, señala cuáles son los consejos fundamentales que debemos tener en cuenta para evitar los errores de la vida en pareja.

  1. Evitar discusiones innecesarias. Es lo que más deteriora la pareja.
  2. No sacar la lista de agravios del pasado, no sacar la colección de reproches. Dañan la relación.
  3. La felicidad de la pareja la define la buena salud y mala memoria.
  4. Aprender a darle a las cosas que nos pasan, en la pareja, la importancia que realmente tiene. No convertir un problema en un drama. ¿Cómo se consigue? Hay que aprender a tener justeza de juicio y perspectiva.

¿Más mayores? Más felices en pareja

Después de ser conscientes de que hemos perdido la cabeza por el otro y ver cómo evoluciona nuestra relación, cuanto más tiempo seamos capaces de permanecer en pareja más feliz será nuestra relación.

Así lo señala el estudio llevado a cabo por Elkhonon Goldber, catedrático en neurología de la Universidad de Nueva York: “el nivel de felicidad en la pareja aumenta con una edad avanzada. Los mayores de 65 años son más felices por dos razones: por un lado, su archivo de datos y recuerdos es más amplio y por otro, se ha dado una mayor sofisticación en sus experiencias amorosas, que son gradualmente más ricas y complejas”.

Cuando somos jóvenes sucede todo lo contrario, según el psiquiatra Enrique Rojas se produce “un baile hormonal. Son amores pasajeros, transitorios y muy diferentes de los amores sólidos”.

Para llegar a un enamoramiento pleno debemos querer compartir un proyecto de vida, perder la cabeza hasta el punto de como reconoce el psiquiatra Enrique Rojas, “no entender la vida sin esa persona amada”.

Es cuestión de tiempo, de cuidar la relación y de estar dispuesto a darlo todo. Debemos perder la cabeza en el mejor de los sentidos.

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