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‘El trinquete de Muller’, la ayuda que necesitamos frente al Covid-19 y que podemos inutilizar con botellones, viajes…

  • Cuando un virus entra en una célula hace cada día unas cien mil copias de su código genético 'escrito´con palabras de tres letras
  • Un error en una letra es una mutación. Pero son muy pocos los errores que cometen y la mayoría son perjudiciales... para el virus
  • Las mutaciones serían como el trinquete de un gatillo, porque solo permiten que los virus avancen en el camino hacia su extinción
  • Pero si empezamos a contagiarnos con varios virus con mutaciones diferentes, la recombinación puede dar lugar a cepas más peligrosas

18 mayo, 2020

Victoria López Rodas.
Catedrática de Genética de la Universidad Complutense.

Eduardo Costas.
Catedrático de Genética de la UCM.
ACADÉMICO CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA NACIONAL DE FARMACIA

Ante el inicio de la desescalada nos gusta pensar que el destino del COVID-19 está en nuestras manos. En buena parte es cierto, pero, además de lo que hagamos nosotros, también hay que contar, y mucho, con lo que haga el coronavirus.

Hace más de 80 años un hombre se dio cuenta de ello. Y estaba en España:

Tras el inicio de la guerra civil española, un neoyorkino llamado Hermann Muller estuvo en nuestro país formando parte de las brigadas internacionales. Muller dejó claras sus condiciones: se negaba a portar armas y solo pretendía ayudar en tareas no violentas. Empezó a trabajar como sanitario en el frente. Resultó ser un hombre valeroso. Pero, tras una serie de peripecias, fue hecho prisionero por las tropas de Franco.

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Terminó siendo un conejillo de indias del director del Gabinete de Investigación Psicológica del Ejército, un individuo que llegó a ser internacionalmente conocido como ‘el Mengele español’. Se había especializado en Berlín, en los inicios del nazismo, resultando un aventajado estudiante de la SS-Ahnenerbe, la terrorífica «Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana» de Heinrich Himmler.

‘El Mengele español’ se obsesionó con Hermann Muller. Lo sometió a todo tipo de test de inteligencia y personalidad. Y tras su estudio concluyó que el prisionero Muller era “un subnormal, un retrasado y un tarado que padecía de idiocia”.

Argumentó que su deficiencia mental tenía una base genética. Estableció el árbol genealógico de preso y le interrogó sobre sus parientes. Dedujo que la idiocia de Muller era el resultado de un gen defectuoso que recibió de su madre.

Hermann Muller fue una pieza clave para demostrar su teoría: Para ‘el Mengele español’ existía de una estrecha relación entre la deficiencia mental y las ideologías democráticas. Concluyó que «La perversidad de los regímenes democráticos, favorecedores del resentimiento, promociona a los retrasados y fracasados sociales con políticas públicas, a diferencia de lo que sucede con los regímenes aristocráticos, donde sólo triunfan los genéticamente mejores».

Pasó el tiempo y Hermann Muller quedó libre. Pudo volver a Estados Unidos. Retomó su antiguo trabajo.

Hermann Muller era un genetista. El mejor de su tiempo. Realizó importantísimas aportaciones en casi todos los campos de la genética, la biología de poblaciones y la medicina. Descubrió, entre otras muchas cosas, cómo las radiaciones ionizantes (la luz ultravioleta, los rayos X y la radiación gamma) dañan el ADN, producen mutaciones e inducen cáncer. Salvó millares de vidas.

Ganó el premio Nobel de Medicina en 1946 (fue el segundo genetista de la historia en ganarlo, tras Thomas Hunt Morgan que fue su director de Tesis).

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Juan José López Ibor, jefe del Departamento de Neuropsiquiatría del Hospital General de Madrid y gran rival del director del Gabinete de Investigación Psicológica del Ejército, nunca se cansó de divulgar a los cuatro vientos que el hombre al que ‘el Mengele español’ consideraba retrasado, había ganado el Premio Nobel de Medicina.

Hermann Muller nos enseñó otra lección. Mientras se enfrentaba estoicamente a la vida en el campo de concentración, su mente volaba lejos: Reflexionaba acerca de lo que podría ocurrirle a un virus que se expandiese por el mundo. En aquel entonces Muller empezó a intuir el mecanismo genético que probablemente nos permitirá ganarle la guerra al SARS-CoV-2.

En su honor se conoce a este mecanismo como el “trinquete de Muller”.

Las Mutaciones: ocurren al azar, pero condicionan nuestro destino

El SARS-CoV-2 no puede escoger lo que hace: no tienen inteligencia.

En su destino las mutaciones juegan un papel esencial.

Para los más ‘avanzados’ vamos a introducirnos un minuto en las ‘profundidades’ del virus, aunque enseguida lo explicaremos más para todos los públicos.

Lo primero es decir que las ‘instrucciones’ para construir un organismo -y mantenerlo con vida- están almacenadas en su material genético: largas moléculas de ácidos nucleicos, que son ADN en todos los organismos vivos y ARN en unos cuantos virus, entre ellos los coronavirus.

Este material genético (ADN) está formado por una sucesión de cuatro nucleótidos distintos que contienen adenina (A), timina (T), guanina (G) y citosina (C).

En los virus ARN, como el SARS-CoV-2, en vez de timina (T) hay uracilo (U).

Estas instrucciones están escritas en un código genético que utiliza “palabras de 3 letras”, formadas como combinaciones de 3 nucleótidos (por ejemplo, AUG, UGG, UGA…) que determinan los aminoácidos que forman las proteínas para la estructura y funcionamiento de las células

Traducido a una escala que nos resulta más familiar, el mensaje genético que contiene las instrucciones para que el SARS-CoV-2 nos infecte y se replique en el interior de nuestras células, ocupa unos 15 folios escritos en ordenador.

Cuando el virus entra dentro de la célula que infecta, empieza a hacer copias a toda velocidad de ese mensaje (cada virus hace unas 100.000 en un día). La gran mayoría de estas copias están perfectas. Pero de vez en cuando en alguna copia hay un pequeño error: alguna de estas letras A, U, G, C está cambiada. Eso es la mutación.

Al igual que ocurre en los lenguajes humanos, el cambio de una sola letra en una palabra puede hacer que tenga un significado muy distinto (por ejemplo, cambiando una sola letra, VEO se convierte en FEO o en LEO). Pero también puede hacer que no signifique absolutamente nada (cambiando una sola letra VEO se convierte en OEV, VOE, EOV…).

Uno de los mayores logros de la genética moderna fue demostrar que estas mutaciones siempre ocurren al azar. Aparecen por un error cuando se replica su material genético. Y en las sucesivas replicaciones los “hijos” de este mutante llevarán la misma mutación.

Se cometen muy pocos de estos errores, aunque, de vez en cuando, se cometen algunos.

La mayoría tienen malas consecuencias para el virus. Pensemos en que si cambiamos al azar una letra de la palabra VEO lo más probable es que la nueva palabra no signifique nada. Solo en muy pocos casos este cambio significará algo (por ejemplo, cambiando la V por una F).

Así, la gran mayoría de las mutaciones que vayan apareciendo en el SARS-CoV-2 van a tener un efecto perjudicial para los virus que las sufran, que terminarán siendo menos infectivos.

También hay mutaciones que no tienen consecuencias y los genetistas las llamamos neutras, porque ni empeoran, ni mejoran en nada a los que las sufren.

Pero también hay mutaciones ‘beneficiosas’ para el virus, que permitirán que sea más infectivo o que cambien su letalidad.

En este sentido, varios investigadores apuntan que tanto en Europa como en Estados Unidos se han producido mutaciones que han hecho que el SARS-CoV-2 sea más letal de lo que era en China.

El problema es que nosotros no tenemos control sobre todo esto. Es una cuestión de azar. El juego de la lotería lo explica muy bien: la mayoría de la gente que juega a la lotería pierde su dinero. A unos cuantos les toca el reintegro. Son menos aún los que ganan bastante dinero. Y a poquísimos les toca el gordo.

El SARS-CoV-2, que juega a la lotería de la mutación, lo más probable es que acabe perdiendo.

Pero también podría tocarle el premio gordo, aunque sea muy improbable.

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El trinquete de Muller:

La mayoría de los virus que han sufrido una mutación seguirán infectando células y replicándose, pero lo harán un poco peor que antes.

Además, el hecho de que un virus haya sufrido una mutación no le exime de que vuelva a sufrir otra. Y una vez que esto ocurra -y solo es cuestión de tiempo- ya tendrá 2 errores. Y lo más probable es que le vaya peor que antes.

Con el tiempo las mutaciones se van acumulando en el virus. Como casi siempre son malas, cuando se acumulen las suficientes el virus perderá la capacidad de infectar y será más fácil controlarlo.

Hermann Muller llamó a este efecto “trinquete”, inspirado en el sencillo mecanismo en el que un gatillo traba los dientes de un engranaje, permitiendo que gire solamente en un sentido. Las mutaciones serían como un trinquete que solo permite que los virus avancen en el camino de ir hacia su extinción.

Numerosos trabajos con virus han demostrado experimentalmente que la idea del trinquete de Muller es cierta. Y en esta pandemia cada vez más médicos y epidemiólogos están convencidos de que el SARS-CoV-2 está perdiendo agresividad. Parece que el virus se está debilitando. Y sin duda está cambiando, apareciendo nuevos síntomas.

Es el trinquete de Muller.

¿Podemos entonces sentarnos a esperar que el SARS-CoV-2 acumule las suficientes mutaciones como para extinguirse?

Esquivando el trinquete de Muller:

Desafortunadamente el virus tiene una forma eficaz de evitar el trinquete de Müller que vamos a explicar por pasos.

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Volvamos a nuestro símil del código genético del virus escrito en 15 folios. Imaginemos que consigo varias copias diferentes de ese mensaje después de que se hubiese replicado cientos de miles de veces.

Esos mensajes habrán ido acumulando una serie de errores. Pero como los errores ocurren al azar, es muy improbable que todos tengan el mismo error en la misma letra de la misma palabra.

Así que como los errores acumulados estarán en distintas palabras, en diferentes líneas y páginas, resulta fácil recomponer el mensaje original sin que tenga fallo alguno.

Es lo que ocurre cuando dos genotipos diferentes (dos cepas distintas) de virus infectan a un mismo individuo. Entonces se puede producir un proceso de recombinación: Se intercambian fragmentos de su material genético y consiguen obtener una secuencia sin errores (mutaciones).

¿Cuándo nos ayudará el ‘trinquete de Muller’ a vencer al SARS-CoV-2?

Hacia finales del año pasado el SARS-CoV-2 consiguió pasar de un animal salvaje (probablemente un murciélago) a un ser humano.

Acertó de pleno. En ese momento miles de millones de personas eran susceptibles de infectarse. El virus pudo replicarse a toda velocidad, infectar a un gran número de personas y diseminarse por todo el mundo.

El número total de coronavirus circulantes creció exponencialmente, a medida que los infectados se contaban por centenares de miles.
Nuestro insensato modo de vida se lo permitió.

Y ahora los grandes números de contagiados juegan a favor del virus:

Es cierto que la mutación es un suceso poco probable y la mayoría de ellas van a ser perjudiciales para el virus. Pero alguna de las mutaciones puede resultar beneficiosa para él y volverlo más infectivo. Incluso puede aparecer una mutación que lo haga más letal.

La probabilidad de que ocurra una mutación es aproximadamente del mismo orden de magnitud que acertar el número del gordo de la lotería de Navidad. Es tremendamente improbable que me toque si solo juego a un número…

Pero si juego a muchos números diferentes, la probabilidad de acertar aumenta.

Luego, si hay muchos virus, habrá muchas mutaciones. Y como la mayoría de las mutaciones serán perjudiciales, con el tiempo el trinquete de Muller empezará a funcionar.

Pero cuidado, porque ante una expansión exagerada del virus corremos el peligro de que ocurra lo contrario.

A partir de un número lo suficientemente elevado de coronavirus circulando, empiezan a existir muchas posibilidades de que dos coronavirus con mutaciones diferentes infecten a la misma persona. Y entonces recombinarán y el efecto del trinquete de Muller desaparecerá.

Por eso es tan preocupante empezar a ver conductas incomprensibles de unos muchos que pueden convertirse en un suicidio colectivo para millones de personas.

Conductas que resultan suicidas para la humanidad

En Estados Unidos se están celebrando las “fiestas Covid-19” en las que se reúnen jóvenes con la intención de contagiarse del SARS-CoV-2.

Como asisten personas infectadas de distintos lugares, la probabilidad de que varios de los asistentes se contagien a la vez con dos o más virus con mutaciones diferentes es muy elevada.

En estos nuevos contagiados el virus puede recombinar. Y el trinquete de Muller deja de funcionar. Los virus recuperan su infectividad, e incluso la recombinación puede originar variantes del virus mucho más infectivas.

En este sentido las fiestas, botellones, grandes reuniones y eventos podrían tener el mismo resultado.

Abrir la mano con el turismo podría ser incluso peor: La gente que viene de lejos tiene muchas más posibilidades de traer variantes del SARS-CoV-2 que tengan mutaciones muy diferentes de las que tenemos aquí.

La recombinación no solo puede anular el efecto del trinquete de Muller. Puede dar lugar a cepas mucho más peligrosas.

Durante el presente siglo hemos asistido a un declive imparable de la importancia de la ciencia y la tecnología en las sociedades Occidentales, sustituidas por un incremento suicida de la economía financiera.

El COVID-19 ilustra sus consecuencias: A pesar de las numerosas advertencias de la comunidad científica, no se dieron los pasos necesarios para prevenir esta pandemia.

España, en muertos por millón de habitantes (y sin duda infra-estimados) es, a día de hoy, el segundo lugar del mundo donde es más probable morir de COVID-19.

Y mientras resulta imprescindible seguir reduciendo el número de virus circulante, se habla de abrir, como sea, la economía. Pero un rebrote del COVID-19 todavía es posible y probable.

Si queremos tener futuro, es la hora de que muchos millones de personas se sacrifiquen manteniendo la distancia social para que cientos de miles no mueran.

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