BuscandoRespuestas

SaludSorprendente

Descubren cómo funciona en el cerebro el mecanismo de la curiosidad

  • Hasta hace muy poco no se conocían los mecanismos cerebrales subyacentes a la curiosidad.
  • En ello tiene un papel importante la Zona Incierta del cerebro, implicada en el control del movimiento.
  • Los investigadores del Netherlands Institute for Neuroscience han llegado a este resultado a través de un estudio realizado en roedores.

22 mayo, 2021

Patricia Díaz

La curiosidad es tan esencial e intrínseca para la supervivencia como el hambre. A pesar de esto, hasta hace muy poco no se conocían los mecanismos cerebrales subyacentes a esta búsqueda de nuevas experiencias.

La curiosidad se define como el impulso motivador para explorar e investigar lo desconocido, haciendo así nuevos descubrimientos.

Cuando este comportamiento ocurre, los científicos han observado que una población específica de neuronas, que se encuentran en una región del cerebro llamada Zona Incierta, recibe información que las ‘excita’.

¡SÚMATE A NUESTRA COMUNIDAD!

Podrás escuchar nuestros podcast, recibir un boletín semanal con las novedades, escribir comentarios, enviar preguntas…

Gracias a este hallazgo podemos empezar a entender, por ejemplo, cómo la curiosidad se impone a veces a la seguridad y por qué algunos individuos son más curiosos que otros.

Te puede interesar: ¿Qué se activa en el cerebro para que nos rindamos a las rebajas y compremos de más?

La libre elección del ratón

Los investigadores del Netherlands Institute for Neuroscience han llegado a este resultado a través de un estudio realizado en un grupo de roedores.

Alexander Heimel, líder del grupo, ha explicado en Science Daily que «a pesar de tener técnicas bien desarrolladas para estudiar los circuitos del cerebro de los ratones, hay numerosos resultados diferentes y controvertidos en el campo de la conducta motivacional».

Por ello, eligieron la solución más simple para llevar a cabo la investigación: dar a los ratones libertad para elegir lo que quieren.

En el estudio sometieron a estos roedores a una batería de ensayos con objetos familiares para ellos y otros totalmente nuevos. También, aumentaron la actividad cerebral en la Zona Incierta, implicada en el control del movimiento.

Con esto, descubrieron que se incrementó la interacción entre ellos y con los objetos novedosos, en comparación con la atención que les prestaban a los objetos que ya conocían.

Por otro lado, cuando inactivaron las células de esta región, la profundidad y la duración de la investigación de estos roedores disminuyó.

Además, los investigadores descubrieron que determinadas neuronas eran más activas durante la investigación profunda que durante la superficial.

Resultados con vistas al futuro

Aunque estos resultados son prometedores, todavía se desconoce cómo la curiosidad conduce al comportamiento de investigación en los seres humanos.

«Todavía sabemos poco sobre esta zona en los humanos, porque está situada en lo más profundo del cerebro y es difícil medir la actividad con escáneres cerebrales», comenta Heimel.

Sin embargo, otro estudio reciente demuestra que la Zona Incierta también desempeña un papel importante en el despertar de la curiosidad en los monos.

Partiendo de estos estudios, el desarrollo de nuevas técnicas puede conducir a una mayor claridad en el futuro sobre la indagación humana.

Siguiendo a la curiosidad

El ansia de conocer y comprender es el motor de nuestro desarrollo como individuos e incluso de nuestro éxito como especie, pero la curiosidad también puede ser peligrosa.

Entonces, ¿por qué el ser humano es tan curioso?

Los científicos creen que se debe a un factor genético: no en la forma de un gen que active o anule este comportamiento, sino en las formas complejas de interaccionar que tienen las personas.

Así lo revela un estudio de 2007, que afirma la existencia de un ‘gen de la curiosidad’ en un pájaro cantor, el Parus major, también conocido como carbonero común.

Los pájaros cantores son una especie aficionada a explorar su entorno. Las mutaciones en ese gen, conocido como DRD4, se han asociado en los humanos con el interés de una persona por buscar novedades.

Los investigadores trabajaron con una selección de aves que fueron clasificadas según su baja o gran curiosidad. Evaluaron el nivel de indagación mediante un test similar al que utilizan los psicólogos para medir respuestas conductuales.

Examinaron la conducta exploratoria temprana de cada pájaro inmediatamente después de abandonar el nido.

En una de las pruebas, los biólogos midieron el tiempo transcurrido hasta que el pájaro visitaba cuatro árboles artificiales después de haber sido liberado en la sala de observación.

En un segundo test, cuantificaron la reacción del pájaro hacia cada uno de los dos objetos desconocidos que habían sido colocados en su jaula.

Con esto, se dieron cuenta de que los pájaros poseen ‘personalidades’ diferentes y buscaron la razón.

Así, en el gen DRD4 detectaron 73 variantes y, en dos de ellas, encontraron evidencia de una asociación con la conducta exploratoria o curiosidad de las aves.

Parece ser entonces que la pasión por los cambios, por la exploración de nuevas metas o el interés hacia cosas nuevas es obra de este gen. Y, a buen seguro, seguirá despertando la curiosidad del hombre.

Noticias relacionadas