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¿Tienes más miedo a la vacuna que al coronavirus? Deberías leer esto

  • Pese a los dramáticos datos reales, la percepción del riesgo que tienen los españoles ante la pandemia es increíblemente baja
  • Medio millón de personas han recibido dosis de las vacunas experimentales (no placebos). Ninguno ha muerto. Ni uno estuvo en peligro
  • Las cuentas no mienten. A la hora de matar el coronavirus golea a la vacuna por 850 a 0. ¡Y muchos ven más arriesgado vacunarse!
  • Nuestra falta de capacidad para el cálculo de probabilidades y las matemáticas nos impide hacernos una idea del riesgo que corremos

04 diciembre, 2020


Eduardo Costas.
Catedrático de Genética de la UCM.
ACADÉMICO CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA NACIONAL DE FARMACIA

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España es el segundo país del mundo con más muertos de Covid-19 por habitante. Algunos lugares como Madrid han estado a la cabeza del planeta en cuanto a la probabilidad de morirse por el coronavirus.

Sin embargo, la percepción del riesgo que tienen los españoles ante la pandemia es sorprendentemente baja. La gente se aglomera masivamente en las calles para ver el alumbrado navideño, comprar compulsivamente o tomarse unas cañitas. Cada semana se intervienen centenares de fiestas clandestinas.

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En un contexto donde los expertos asumen que habrá una tercera oleada de Covid-19 como consecuencia de las fiestas navideñas, y los sanitarios nos advierten que esa tercera ola puede ser catastrófica, con las UCIs ocupadas en gran medida por enfermos que todavía no se recuperaron de la segunda, sorprende nuestro comportamiento.

Pese a que sabemos que nuestra falta de precaución costará millares de vidas, casi nadie está dispuesto a cambiar sus costumbres para impedir esas muertes.

El enorme peligro para muchos, de unos pocos

También somos especialmente permisivos con los ‘supercontagiadores’ que habitualmente siguen conductas de riesgo intolerables, saltándose las normas y el sentido común.

Como resultado de esta permisividad, cerca del 1% de las personas son responsables del 90% de los contagios. Hay casos bien rastreados de jóvenes que infectaron a centenares de personas provocando decenas de muertes. Muchos de ellos causaron más muertes que la mayoría de los asesinos y terroristas.

Pero no se ha hecho ni se hace nada contra ellos. Y eso que sabemos que impedir que haya ‘supercontagiadores’ es una de las mejores estrategias para luchar contra la Covid-19. Nunca en la historia de la humanidad se fue tan tolerante contra individuos que mataron a tantas personas.

Pocas cosas parecen ser éticamente más reprobables. Pero esta actitud tiene mucho más que ver con la inepcia que con la maldad.

En el fondo casi todo el mundo piensa que ni él ni los suyos van a enfermar (o que si enferman serán asintomáticos o se recuperarán sin mayores problemas). Tampoco piensan que vayan a contagiar a otros, ni siquiera cuando se saltan la cuarentena estando contagiados.

Aunque tenemos más probabilidades de morirnos por coronavirus de la que tuvieron los habitantes de la mayoría de los países de morir durante las guerras, no lo percibimos así.

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¿Las vacunas son seguras?

En este contexto hay otro hecho que todavía resulta más sorprendente. Una reciente encuesta del CIS indica que solamente un 44% de los españoles están dispuestos a ponerse la vacuna de la Covid-19. El 40.3% se negaría a hacerlo, y el resto tiene dudas y necesita más garantías.

¿Cómo podemos tener una percepción de riesgo de la Covid-19 tan baja, mientras que el riesgo de la vacuna nos parece tan elevado?

La realidad es radicalmente diferente a como la percibimos. Los datos resultan abrumadores. De momento 48 proyectos de vacuna están en alguna fase de ensayos clínicos con humanos. Alrededor de medio millón de personas han recibido dosis de estas vacunas experimentales (no de placebos). Ninguno ha muerto. Ni uno solo de los vacunados estuvo en peligro como consecuencia de la vacuna. Las vacunas contra la Covid-19 son totalmente seguras.

Por el contrario, el coronavirus es muy peligroso. De cada medio millón de madrileños el coronavirus ya mató a s 850 personas y acabará matando a muchos más.

Las cuentas no mienten. A la hora de matar, el coronavirus gana el partido a la vacuna por una goleada de 850 a 0. Pero somos tan ignorantes que creemos que la vacuna es más peligrosa.

Por supuesto, nuestra errónea percepción del riesgo es similar a la de muchos de los países que tienen una mayor tasa de muertos por coronavirus. Peruanos, argentinos, mexicanos y brasileños piensan como nosotros.

Esto contrasta radicalmente con lo que ocurre en los países que han conseguido controlar la pandemia desde el principio. Contrariamente a nosotros, coreanos, vietnamitas o japoneses piensan mayoritariamente que el desafío de la Covid-19 es colosal, que costará mucho vencerlo y que tienen que cambiar radicalmente su estilo de vida.

De hecho, así lo hicieron. Quienes no cumplen las normas de prevención de contagios son detestados y en Corea del Sur hubo incluso intentos de linchamiento.

Al revés nuestra, en esos países la gran mayoría de la población está dispuesta a vacunarse cuanto antes, y eso que en ellos su tasa de muertos fue mucho menor de 1 persona por cada 100.000.

¿Qué podría explicar esta asombrosa diferencia en la percepción del riesgo? ¿Qué diferencia a los países que lo hicieron bien de los que lo hacemos tan mal?

¿Tienen culpa las matemáticas?

Indudablemente somos culturas muy diferentes y eso tiene una gran influencia.

Sorprendentemente en estas grandes diferencias culturales influye la capacidad de la población para las matemáticas.

Fijémonos en lo que dice el Informe TIMSS, emitido por la Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo, con sede en Ámsterdam. Está considerada el organismo evaluador de conocimientos más antiguo y prestigioso del mundo, y una de las mediciones que hace es la capacidad para la matemática formal de los estudiantes de un país. No es el informe PISA, más usado en nuestro país pero que se centra más en la medida del cálculo aplicado.

Sorprendentemente la mayoría de los países que según el TIMSS tienen la mayor capacidad para la matemática formal (Corea del Sur, Taiwán, Japón, Singapur…) son los que han logrado controlar mejor la Covid-19. Los malo es que también se cumple lo contrario y los países con menos capacidad matemática son los que peor han conseguido controlar la Covid.

Perú, Argentina, Brasil o España tenemos unas pésimas puntuaciones en matemática formal (tanto que ni siquiera salimos en muchas de las listas del TIMSS).

No hay ninguna duda de que entre los pueblos que viven en la Amazonía se encuentran las culturas con menor capacidad matemática del mundo. Un ejemplo extremo son los indígenas Pirahâ. Su incapacidad matemática es legendaria. Su lengua ni siquiera tiene numerales. Toda su vida se apañan con solo tres conceptos para cantidad: uno, varios y muchos. Nada más.

Aunque no hay datos precisos sobre el impacto de la Covid-19 en los indígenas amazónicos (en buena parte por el negacionismo de Bolsonaro) los testimonios de varios médicos de la zona llevan tiempo alertando de que su situación es catastrófica. En algunos poblados se infectaron la gran mayoría de sus habitantes con unas tasas de mortalidad aterradoras.

Numerosos indicios indican que la falta de capacidad para las matemáticas nos impide hacernos una idea precisa del riesgo que corremos con la Covid-19.

La percepción del riesgo depende en gran medida de nuestra capacidad para el cálculo de probabilidades. Desafortunadamente el cálculo de probabilidades es algo que nos resulta tremendamente difícil entender.

Pondré un sencillo ejemplo. ¿Cuántas personas debe haber en una sala para que sea más probable encontrar a 2 de ellas que cumplan años el mismo día?

La mayoría de la gente piensa que hace falta un número muy grande. Su razonamiento es que como hay 365 días, hacen falta 366 personas para estar seguros de que dos de ellas coinciden.

Sin embargo, con que solo haya 23 personas en la sala ya es más probable que haya dos personas que coincidan en el cumpleaños a que no coincida ninguna. Un sencillo cálculo de probabilidades demuestra que con 23 personas escogidas al azar (sin que haya gemelos ni ninguna nacida el 29 de febrero de un año bisiesto) hay una probabilidad del 50,7% de que 2 de ellas cumplan años el mismo día y una probabilidad del 49.3% de que ninguna coincida en el cumpleaños. Y si hay 57 personas, la probabilidad de que dos de ellas coincidan en el cumpleaños es del 99,7% (y la de que no coincidan solo del 0.3%).

Si no eres capaz de calcular estas probabilidades (y mucho más si te sorprende) piensa que estás muy poco capacitado para estimar el riesgo de contagiarte de Covid-19 o del riesgo que corres al vacunarte. Por tu propio bien, en esto no sigas tus intuiciones. Están equivocadas.

Puedes hacer caso a los que saben, o mejor aún puedes estudiar matemáticas. Puedes conseguirlo. Aunque te pueda resultar extraño, no tienes limitación genética alguna que te impida comprender la teoría de la probabilidad.

Hay un caso que lo ilustra muy bien. Durante el siglo XX un indígena Pirahâ fue secuestrados y esclavizado por un terrateniente. A pesar de que ni siquiera conocía la existencia de los números y era incapaz de contar hasta 3, aprendió matemáticas. Llegó a ser el contable de la estancia de su secuestrador.

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