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El estilo de vida de la madre desde la concepción hasta el segundo año marca la salud futura del bebé

  • La nutrición que rodee a madre e hijo en ese plazo tendrán un impacto decisivo en el riesgo de enfermedad del bebé.
  • El peso de la madre o el estado de su flora intestinal son claves para la buena salud del recién nacido.
  • Los expertos aconsejan seguir una dieta variada y equilibrada, como la mediterránea.

08 junio, 2021

Patricia Díaz

Todos sabemos que seguir una dieta equilibrada y practicar actividad física puede disminuir el riesgo de padecer enfermedades que están estrechamente relacionadas con el estilo de vida.

Lo que es menos conocido es que estos hábitos pueden determinar la salud incluso antes del nacimiento.

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Es decir, las decisiones que tome la madre en el periodo de gestación y en los meses posteriores al parto, van a ser cruciales para el desarrollo futuro de su bebé.

Esto es lo que afirma el doctor Miguel Sáenz de Pipaón del Servicio de Neonatología del Hospital Universitario La Paz de Madrid en el II Congreso Digital de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

El peso, un factor clave

El ambiente y la nutrición que rodeen a la madre y el niño durante los 2.000 primeros días, van a tener un impacto decisivo sobre la trayectoria de la salud a largo plazo del bebé.

Así, un peso demasiado bajo o excesivo en el momento el nacimiento, consecuencia de malnutrición o sobrepeso maternos, puede aumentar el riesgo de desarrollar patologías como la obesidad o la hipertensión.

«Los bebés que nacen con bajo peso tienen el doble de riesgo de tener enfermedad coronaria en la edad adulta que aquellos que nacen con un peso estándar», ha avisado el experto.

Los casos de desnutrición materna son muy puntuales, mientras que el sobrepeso en las mujeres embarazadas se observa con preocupante frecuencia.

«Estos casos provocan el nacimiento de niños con más masa grasa que, si no la pierden, pueden desarrollar problemas de salud», enfatiza el doctor.

El embarazo, la ganancia de peso está indicada en función del peso que se tenga antes de la concepción.

Aunque la media está en 12 kilogramos, las mujeres con sobrepeso deben ganar unos 8 y aquellas que están demasiado delgadas un poco más, en torno a los 15 kilogramos.

Para ello, los expertos aconsejan seguir una dieta variada y equilibrada, como la mediterránea, y, en ningún caso, hacer dietas de pérdida de peso.

«La única pauta para las mujeres con sobrepeso es que cuiden sus hábitos alimenticios antes de quedarse embarazadas y que mantengan una dieta saludable durante la gestación», apunta Sáenz.

El desarrollo cerebral del niño tiene lugar desde el tercer trimestre de embarazo hasta los dos años.

Por lo que cualquier alteración nutricional durante este periodo puede tener efectos sobre el desarrollo neurológico.

La importancia de la microbiota intestinal

Otro aspecto que va a tener una importancia significativa en esta etapa del desarrollo es la microbiota intestinal de la madre.

Una microbiota intestinal sana en la madre disminuye las probabilidades en el niño de tener asma, alergias y atopia.

Además, la presencia de una microbiota alterada durante la lactancia se asocia con mayor riesgo de eczema atópico en el bebé.

Pero, ¿Cómo cuidarla?

El término microbiota hace mención a la comunidad de microorganismos reunidos en el colon y en el tracto digestivo.

El bebé recibe parte de su carga microbiana durante el mismo momento del parto, que son bacterias vaginales y fecales de la madre.

Además, el tipo de lactancia también determinará el diseño de la microbiota de los recién nacidos.

Y, aunque la microbiota intestinal se enriquece a lo largo de los años, siempre conserva una huella de su perfil de la primera infancia.

Por este motivo, es muy importante que la madre priorice los alimentos de origen vegetal y consuma frutas y verduras variadas cada día.

Asimismo, es recomendable seguir una dieta rica en fibra soluble ya que promueve el crecimiento y la actividad de bacterias beneficiosas por su efecto prebiótico.

Se encuentra de forma natural en alimentos como el ajo, la cebolla, el puerro, los espárragos, las alcachofas, los tomates o los plátanos.

También en cereales como el salvado y en frutos secos como las almendras o en productos integrales como la pasta, el arroz o el pan.

Por otro lado, se debe reducir el consumo de grasas saturadas y azúcares simples: dulces, bollería, bebidas azucaradas, carnes rojas o alimentos ultraprocesados, entre otros.

El problema de estos productos es que son ricos en aditivos, emulgentes y pobres en fibra.

Esto promueve una microbiota menos variada y menos saludable, con predominio de bacterias putrefactivas.

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