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Qué hacer y qué no hacer si me quemo cocinando

En estas fechas pasamos muchas horas en la cocina y los accidentes en forma de quemadura suelen ser demasiado frecuentes. Saber cómo reaccionar de manera inmediata puede suponer un gran alivio

31 diciembre, 2020


Rebeca Gil
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Es indudable que el coronavirus no sólo ha afectado a nuestra salud sino también a nuestra forma de vida. Y es que cada vez pasamos más tiempo en casa y comer y cenar en nuestro hogar se ha convertido en rutinario.

Aunque nuestra destreza en lo fogones sea buena, el pasar más tiempo cocinando aumenta las posibilidades de tener un accidente doméstico tan común como una quemadura. Y más en estas fechas. Así que no está de sobra repasar qué hacer y qué no hacer en caso de quemarnos cocinando.

Lo primero que hay que tener claro es que una quemadura es una lesión provocada en la piel por un agente externo, en este caso un emisor de calor.

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La gravedad de la lesión que puede producir una salpicadura de aceite o el contacto con una olla hirviendo, por ejemplo, dependerá de varios factores.

El primero la extensión de la quemadura: cuanto más grande, más grave.

También es importante el lugar donde se produce. Serán más graves las que afecten a la cara, el cuello, manos, pies o articulaciones.

Y por supuesto la edad del quemado, con especial importancia en ancianos y niños.

También es esencial identificar el tipo de quemadura que se ha producido, y conocer la clasificación habitual de las mismas.
– Una quemadura de primer grado sólo afecta a la parte externa de la piel provocando dolor, y su cuidado no requiere asistencia sanitaria.

– Las quemaduras de segundo grado son más profundas y producen, además de dolor, la aparición de ampollas. Ante este tipo de lesión sería conveniente complementar los cuidados caseros con una visita al centro de salud.

– Las quemaduras de tercer grado constituyen un caso aparte, ya que afectan a músculos y huesos. Y aunque curiosamente en muchos casos no duelen, deben ser tratadas en todo caso por un profesional sanitario.

Los síntomas más habituales de una quemadura son las ampollas, el dolor, el enrojecimiento de la zona abrasada o la inflamación.

¿Y qué debemos hacer cuando nos hemos quemado?

Lo primero, como siempre, mantener la calma. Una vez dominada la situación, y retirado cualquier objeto que esté en contacto con la piel (anillos, pulseras, ropa), calmar la zona lesionada con agua fría durante unos 10 minutos, con cuidado de que el chorro del agua no impacte directamente en la quemadura.

No es recomendable aplicar hielo en la zona, ya que lo único que provocará es aumentar la lesión.

Después de secar con una gasa o apósito limpio la quemadura, lo mejor es taparla y tratar de inmovilizar la zona afectada.

Después de estas primeras maniobras es conveniente hacer un seguimiento de la quemadura y en el caso de que sea leve, continuar cuidándola ¿Cómo? Limpiándola con agua y jabón y protegiéndola de posibles roces o presiones mediante apósitos o vendas, pero sin apretarlas excesivamente contra la quemadura.

Si aparecen ampollas es muy importante no romperlas para evitar que se infecten.

Todos estos pasos están indicados para quemaduras leves o de primer grado. En casos más graves es necesaria la asistencia de un profesional médico.

Pero el remedio infalible contra este tipo de accidentes domésticos es la prevención, así que procura que no sobresalgan de la encimera los mangos de sartenes y cacerolas; manipula los utensilios de cocina con cuidado; utiliza guantes y trapos para agarrar objetos calientes e intenta que los niños permanezcan los más alejados de las zonas de cocción.

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