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¿Podemos reducir el deterioro cognitivo a base de queso y vino?

  • Un estudio de la Universidad Estatal de Iowa, único en la materia, concluye que la ingesta regular de queso y vino reduce el deterioro cognitivo

01 marzo, 2021

Sergio F. Núñez

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Todo lo que comemos cuenta. Nos hace más fuertes o nos genera debilidades, según el caso. Pero está demostrado que nuestra dieta tiene un impacto directo en lo que somos y en lo que acabaremos siendo.

Una prueba de ello, una más, es la investigación llevada a cabo por la Universidad Estatal de Iowa, en Estados Unidos, y que ha sido publicada recientemente en la revista científica Journal of Alzheimer’s Disease.

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La investigación demuestra cómo la alimentación que llevamos a lo largo de toda nuestra vida acaba generando, en lo particular de este caso, un impacto negativo o positivo en nuestra agudeza cognitiva.

Se considera como deterioro cognitivo al declive de las funciones específicas como consecuencia del paso del tiempo o de diversos factores externos.

Existen diferentes grados de deterioro que pueden acabar convirtiéndose en demencia o Alzheimer desembocando, en el más extremo de los escenarios, en la pérdida total de memoria.

Son muchos los estudios que se realizan para que podamos acabar anticipándonos como especie al paso del tiempo y evitando el deterioro achacable a la edad. Y en el caso de esta investigación pudiera aparecer un punto de luz en el horizonte gracias al cual podríamos retrasar en cierta medida ese deterioro cognitivo.

Y es que, las conclusiones de la investigación demuestran cómo la ingesta habitual de queso es, con mucho, la que más protege contra los problemas cognitivos relacionados con la edad.

Es más, la mejora cognitiva se relaciona también con el consumo diario de vino tinto.

– «Las elecciones de alimentos correctas pueden prevenir el Alzheimer y el deterioro cognitivo en su conjunto. Quizás la solución que estamos buscando es mejorar la forma en que comemos.

Saber lo que eso implica contribuye a una mejor comprensión del Alzheimer y a poner esta enfermedad en una trayectoria inversa”, afirma Brandon Klinedinst, miembro del departamento de Ciencias de los Alimentos y Nutrición Humana y parte del equipo investigador.

Está aún más claro que nunca que somos lo que comemos.

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Un estudio único en su especie

Esta investigación dirigida por Auriel Willitte, es la primera a gran escala que relaciona una serie específica de alimentos con la agudeza cognitiva en el futuro de nuestra vida.

Lo han hecho recopilando los datos de más de mil setecientos adultos de entre 46 y 77 años en Reino Unido.

El modelo de aprendizaje y análisis de los sujetos se compone de una prueba de inteligencia fluida, conocida como FIT, durante los años 2006 y 2010. Posteriormente realizaron dos evaluaciones de seguimiento que tuvieron lugar la primera entre 2012 y 2013 y la segunda entre 2015 y 2016.

Era también necesario conocer los principales hábitos alimentarios de los sujetos, para lo cual se llevó a cabo un análisis de consumo en todas las evaluaciones y seguimientos que tuvieron lugar durante los diez años del estudio.

Y ha sido desde esos resultados que los investigadores han podido concluir hasta qué punto influye de manera determinante en nuestro deterioro cognitivo el tipo de alimentación que llevamos.

Puede ser un punto de partida para ganarle tiempo al tiempo y empezar a ponerle fin a una de las mayores lacras que tenemos como sociedad: El Alzheimer.

Cómo el Alzheimer afecta al mundo

El deterioro cognitivo es una de las grandes preocupaciones que tiene la sociedad actual y así lo confirma la Organización Mundial de la Salud (OMS): “el deterioro de la función cognitiva más allá de las consecuencias del envejecimiento normal es una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre las personas mayores en el mundo entero”.

La demencia afecta ya a más de 50 millones de personas en todo el mundo y se prevé que crezca hasta los 152 millones a mediados del presente siglo.

Este es un problema del sistema cognitivo que no afecta por igual a hombres y a mujeres. En países como Australia o Estados Unidos, dos tercios de quienes viven con la enfermedad son mujeres.

¿El motivo? La edad.

Es el más obvio ya que a medida que pasan los años aumentan también las opciones de sufrir demencia. Y como demuestran las estadísticas, la esperanza de vida es mayor entre las mujeres que entre los hombres.

A pesar de la lacra que constituye la demencia, la ciencia nos da lugar a la esperanza ya que, según se extrae del último estudio de Envejecimiento y Función Cognitiva en los últimos 20 años la cantidad de nuevos casos de demencia entre hombres y mujeres descendió en un 20%.

Estos resultados son una prueba clara de que es posible atacar la enfermedad. La demencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento. Podemos acabar con ella.

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