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Órganos en miniatura para vencer a la COVID-19

  • Virólogos de Estados Unidos han infectado con el virus del SARS-CoV-2, millones de órganos en miniatura para aprender cómo funciona el virus y poder acabar con su avance.
  • Existen opciones reales, según el estudio publicado en la revista científica Nature, de pensar en el posible desarrollo de un fármaco eficaz para tratar la COVID-19.

04 junio, 2021

Sergio F. Núñez

Descubrir cómo frenar la transmisión del coronavirus, y todas sus variantes, es la mejor forma de acabar con él.

Además de entender la manera en que las vacunas pueden ayudarnos a prevenir la infección, es una buena y necesaria medida, la de desarrollar el tratamiento definitivo capaz de frenar su avance una vez se haya introducido en nuestro organismo.

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Para llegar a este objetivo Shuibing Chen, biólogo celular de la Universidad de Boston en Massachusetts (Estados Unidos), ha sido capaz de desarrollar en el laboratorio varios millones de «mini pulmones», que han llegado a tener el tamaño de una lenteja, en los que les ha inoculado posteriormente suficiente cantidad de coronavirus con la que dañarlos y poder estudiar sus efectos dentro del órgano.

Es una forma de ver sobre el terreno cómo funciona el virus, para entenderlo mejor, y poder darle respuesta a muchas de las preguntas que la ciencia aún tienen.

Lo que Chen ha descubierto, además de ver cómo de dañina es la COVID-19 ya que fue capaz de acabar prácticamente con todos los «mini pulmones», ha sido ver cómo alguno de esos tratamientos ha sido capaz de lograr que el coronavirus no acabe matando a sus mini órganos.

Tratamientos viables que pueden ser la solución contra la COVID-19 una vez haya infectado a un paciente.

La investigación de Shuibing Chen ha sido publicada en la revista científica Nature.

El valor de los órganos en miniatura para acabar con el SARS-CoV-2

Gracias a esta forma de trabajar, a través de «mini órganos», la ciencia ha podido conocer la manera y el modo en que avanza el SARS-CoV-2 una vez entra en nuestro organismo.

Desde el inicio de la pandemia muchos científicos han optado por este desarrollo tecnológico para analizar al virus y han llegado a crear multitud de órganos diferentes en miniatura: Desde pulmones, como en el caso del estudio de Shuibing Chen, pasando por hígados y llegando hasta cerebros.

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De esta manera se sabe cómo ataca al virus, a qué células ataca, la velocidad a la que se produce ese ataque y la forma en que nuestro organismo responde.

El avance del SARS-CoV-2 se ha estudiado, gracias a estas mini herramientas, en multitud de órganos del cuerpo humano.

Se ha podido analizar la forma en que atacan unos u otros, identificando incluso el fallo multiorgánico que sufren muchos pacientes infectados por COVID-19.

Como es lógico, en estas investigaciones, el órgano que más atención ha recabado es el pulmón.

Catherine Blish, inmunóloga viral de la Universidad de Stanford en California, y un nutrido grupo de investigadores logró descubrir en 2020 cómo el virus se propagaba a través de las células alveolares exteriores, ricas en el receptor ACE2, por el cual se introduce el SARS-CoV-2 en el organismo.

También vieron cómo afectaba a las células de las vías respiratorias encargadas de secretar una molécula que hace frente al estiramiento constante de los pulmones.

Estas células, conocidas como células club, y la afección sufrida por culpa de la COVID-19, habría pasado desapercibida para los científicos, según reconoce Catherine Blish, de no haber podido replicar la entrada del virus en estos mini órganos.

Los estudios como órganos diminutos se centran ahora en descubrir cómo es capaz de colarse el virus en las células: «Cuanto más estudiamos los mini órganos, más nos damos cuenta de que los diferentes tipos de células utilizan distintos mecanismos para apoyar la entrada viral», señala Chen.

Antes de la llegada de la pandemia, esta tecnología biológica se había utilizado para estudiar la biología humana básica, el cáncer, los trastornos generados durante el crecimiento… y no eran muchos los laboratorios que apostaban por ella.

Aún queda posibilidad de desarrollo en esta avanzada tecnología que permita a la ciencia tener más armas para luchar contra el SARS-CoV-2, ahora, y contra otros virus, en el futuro.

Un ejemplo de ello es el de Elke Mühlberger, viróloga de la Universidad de Boston en Massachusetts (Estados Unidos), quien ha realizado experimentos paralelos a los de su colega, bajo esta premisa de órganos en miniatura, pero infectándolos con el virus del Ébola.

Tal ha sido el avance, que ha encontrado cómo el Ébola es capaz de infectar casi todos los tejidos y llegando incluso a lugares a los que el SARS-CoV-2, por suerte para nosotros, es incapaz de hacerlo.

Se confirma este desarrollo médico como una base genial sobre la que cimentar presentes y futuras investigaciones.

Una herramienta para acabar con la próxima pandemia

Además de utilizar esta herramienta para encontrar la forma de curar virus ya existentes como el del Ébola o el de la COVID-19 y sus múltiples variantes, otros muchos científicos se están sirviendo de ella para encontrar respuesta a las más que probables próximas pandemias a las que tendrá que enfrentarse la humanidad.

Para anticiparse a esa próxima pandemia los equipos científicos de universidades de todo el mundo están recurriendo a estos mini órganos, pero hechos con células de animales.

Antes de que estallara la pandemia de COVID-19 por culpa del SARS-CoV-2, Jie Zhou, virólogo de la Universidad de Hong Kong, ayudó, en el Instituto de Virología de Wuhan en China, a identificar al pariente más cercano del virus que estaba por venir, el coronavirus de murciélago RATG13.

Fue, entonces, y mediante el uso de órganos desarrollados a partir de tejidos de murciélago cuando se descubrió que el virus era capaz de infectar a personas.

Se probaron entonces diversos tratamientos en mini intestinos de murciélago para estar preparados para acabar con él, en el que caso de que diera el salto de los animales a los humanos.

Se trata de una ciencia que claramente aún está en pañales, pero a la que, como reconoce Jie Zhou, «solo nuestra imaginación limitará el alcance de este campo».

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