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Lo que nos enseña la peste: las futuras generaciones podrían ser inmunes a la COVID-19

  • Un estudio de la Universidad de Universidad de Colorado, en Estados Unidos, descubre pruebas evidentes de inmunidad a la peste bubónica en generaciones posteriores de aquellos que la sufrieron hace más de doscientos años.
  • Este hallazgo hace indicar que las futuras generaciones, en pleno proceso adaptativo, serán capaces de mostrar resistencia a la COVID-19.

21 mayo, 2021

Sergio F. Núñez

Son más de quince meses sufriendo y combatiendo la COVID-19, una de las pandemias más duras que ha sufrido el ser humano. Pero no la única.

Antes de la pandemia de coronavirus, la humanidad ha tenido que hacer frente a otras como la de la Gripe de 1918 o las provocadas, en dos ocasiones, por culpa de la peste. Concretamente en 1347, la peste bubónica o peste negra, y en 1885, la bautizada como la nueva peste negra.

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Momentos trágicos y luctuosos de la historia de la humanidad pero de los que también se pueden sacar cosas positivas.

Por un lado, aprendizajes. Tras las epidemias de peste la higiene en todo el mundo aumentó de manera considerable y las ciudades evolucionaron hacia modelos mucho más limpios.

Y, por otro lado, por sorprendente que parezca, inmunidad para las generaciones venideras. Así lo demuestra un estudio llevado a cabo en el Campus Médico Anschutz de la Universidad de Colorado, en Estados Unidos, donde un grupo de científicos encargados del análisis de los restos de 36 víctimas de la peste bubónica, encontrados en una fosa común alemana, han descubierto evidencias de que la evolución adaptativa tras aquella epidemia, habría conferido inmunidad a las generaciones posteriores de la región.

«Encontramos que los marcadores inmunes innatos aumentaron en frecuencia en la sociedad contemporánea en comparación con las víctimas de la peste, lo que sugiere que estos marcadores podrían haber evolucionado para resistir a la plaga”, concluye el autor principal adjunto del estudio Paul Norman, que es PhD y profesor asociado de la División de Medicina Personalizada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado (Estados Unidos).

El estudio, realizado en conjunto con el Instituto Max Planck en Alemania, ha sido publicado en la revista Molecular Biology and Evolution.

ADN de los huesos del oído

En plena investigación de esa fosa común alemana del siglo XVI ubicada en la ciudad de Ellwangen, el equipo científico se sirvió de diversas muestras recogidas en los huesos del oído interno de aquellos individuos, que compararon posteriormente con las de otros habitantes de la zona.

Se comparó el espectro de frecuencia y la distribución de variantes genéticas.

En todas ellas los investigadores encontraron la existencia de que la Yersina Pestis, el patógeno causante de la peste bubónica, había provocado cambios notables en la distribución de alelos, una forma variante de un gen, para dos receptores de reconocimiento de patrones innatos y cuatro moléculas de antígeno leucocitario humano, que se encargan de iniciar y dirigir la respuesta inmune a la infección.

Una evidencia de que la evolución ha generado esa inmunidad ante la peste bubónica a la población de la zona.

Es más, las previsiones hacen indicar que esa evolución no tendría porqué quedarse en la ciudad de Ellwangen, si no que podría haberse extendido también por toda Europa.

«Cualquier cambio en las frecuencias alélicas durante una crisis epidémica podría ser evidente como adaptación genética y detectable en los individuos de hoy en día», insisten desde el equipo científico.

Ahora, la siguiente pregunta es si puede suceder lo mismo con la COVID-19.

«Creo que este estudio muestra que podemos centrarnos en estas mismas familias de genes al analizar la inmunidad en las pandemias modernas» como la del coronavirus. «Sabemos que estos genes están muy involucrados en impulsar la resistencia a las infecciones», señala el profesor Paul Norman.

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Es un análisis que arroja algo de luz sobre nuestra propia evolución, además de confirmar que no importa lo luctuosa que sea la pandemia, que siempre hay supervivientes «y la especie se recupera».

Quizás, las futuras generaciones, en ese proceso adaptativo al cambio sean capaces de generar inmunidad también al virus que ha provocado la mayor pandemia de la historia de la humanidad, la del SARS-CoV-2.

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