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Una teoría física podría reabrir cientos de casos de asesinato en todo el mundo

  • Alexander Yarin, ingeniero de la Universidad de Illinois, Chicago, pone patas arriba la investigación criminal con una teoría física.
  • ¿Podrían tener que reabrirse todos los casos de asesinato en los que un arma de fuego se ha visto implicada?

01 mayo, 2021

Sergio F. Núñez

Una condena por asesinato que puede cambiar la historia. Ese el resumen que se puede hacer del hallazgo obtenido por el ingeniero americano Alexander Yarin.

¿Imagina que se hubieran de reabrir todos los casos de asesinato o suicidio donde un arma de fuego se ha visto implicada?

Hasta la fecha, la ciencia daba por cierto el hecho de que la sangre de las víctimas por arma de fuego viaja a lo largo de trayectorias rectas en el 100% de los casos, usando este argumento para condenar o exonerar a alguien. Pero el descubrimiento de Yarin lo pone en tela de juicio.

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Es mucho más complejo, según parece, que una «simple» trayectoria recta.

La investigación confirma que las gotas de sangre de las víctimas, que suelen rociarse en la dirección del tirador en un fenómeno conocido como «salpicaduras en la espalda», no viajan en trayectorias rectas.

Factores como la gravedad, la resistencia aerodinámica y otros muchos, juegan un papel fundamental en la escena del crimen.

Inspirados por el asesinato de la actriz Lana Clarkson, el ingeniero de la Universidad de Illinois, Chicago (Estados Unidos), y un grupo de colegas, se propusieron precisar la física exacta involucrada en aquel disparo que acabó con la vida de la mujer.

Clarkson murió tras recibir un disparo a quemarropa en la boca en la mansión del productor musical, y posteriormente acusado como culpable de asesinato, Phil Spector.

La defensa argumentó que Spector no pudo ser el autor material ya que su chaqueta blanca solo estaba manchada por 18 pequeñas gotas de sangre y que, por tanto, Clarkson fue quien se quitó la vida.

Una posibilidad que fue tenida en cuenta y que llegó a provocar, entre otras cosas, la anulación del juicio en primera instancia. Sin embargo, la investigación de Alexander Yarin y su equipo demuestra que estaban equivocados.

Los gases de la boca y las «salpicaduras en la espalda»

Lo que la ciencia entendía hasta ahora como normal era que la sangre viajaba en trayectorias rectas.

Para comprobarlo, inspirándose en el caso del asesinato de Lana Clarkson, que conmocionó a Estados Unidos, el equipo investigador disparó a una cavidad de espuma llena de sangre de cerdo con un rifle largo del calibre 0.223 para simular lo que sucede cuando una persona es disparada.

El equipo comparó los resultados con el modelo fluidodinámico que habían desarrollado y aunque los resultados mejoraron notablemente los de la predicción, se dieron cuenta de que faltaba algo.

La simulación y la recreación en el campo de tiro adolecían de una ligera desviación con respecto a la realidad.

Analizando los patrones sanguíneos disponibles en el Centro de Recursos Forenses del Medio Oeste de los Estados Unidos repararon en el hecho de que la sangre almacenada tenía restos de los gases de la boca de quienes se encontraban en las escenas del crimen.

Y, por tanto, confirmaron que estos gases que expulsamos constantemente influyen en la forma en que la sangre viaja en el espacio después del disparo.

Y es que, al efectuar el disparo, la bala también es impulsada a través de los gases que produce el arma, haciéndola viajar a gran velocidad y formando «anillos de vórtice turbulentos». Cuando la sangre de la víctima se encuentra con uno de estos vórtices, que va en la dirección opuesta, puede hacer que la arrastre hacia un lado u otro en función del flujo de gas.

Pueden provocar incluso el cambio total de la dirección de la sangre.

Esto modifica por completo la visión existente hasta la fecha de esa trayectoria recta, explicando cómo pueden caer gotas de sangre hasta detrás de la propia víctima y que la ropa del tirador, incluso, permanezca totalmente limpia.

¿Reapertura de miles de casos?

Los hallazgos de Yurin y su equipo investigador suponen, en palabras de Daniel Attinger, ingeniero mecánico de la Universidad Estatal de Iowa (Estados Unidos) y miembro de la Asociación Internacional de Analistas de Patrones de Manchas de Sangre, «un descubrimiento de clase mundial».

Tal es la relevancia de lo conocido ahora que hay voces que piden una revisión de cómo la investigación criminal ha trabajado hasta la fecha en los asesinatos que han tenido un arma de fuego de por medio.

«Tendría sentido volver a examinar los casos penales que involucran disparos en los que se ha asumido la existencia de trayectorias rectas», insiste Attinger.

Es momento de que la ciencia siga investigando para confirmar este descubrimiento de magnitud global que puede cambiar por completo la investigación criminalística.

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